Germán Ubillos | Miércoles 07 de agosto de 2013
Durante buena parte de mi vida me he esforzado por llegar a la gente a través del mundo de las ideas explicando como lo haría un maestro, alcanzando como lo harían los rayos equis una realidad más allá de la que la gente ve. Ahora, hacia el final de ella, voy descubriendo que lo más importante no son las ideas sino la encarnación de ellas, el sentido que tienen, sentirlas. Llegué a describir mi mundo como un castillo de cristal, en que habitaba, y yo el rey de las ideas. Hacia 1975 ese castillo estalló en pedazos y tras caer a una profunda sima tenebrosa, húmeda y resbaladiza, comencé a gatear hasta que hacia 1.994 volví a la superficie, fue unas tarea ímproba, durísima, de un gran esfuerzo personal y teniendo mucha suerte; me encontré una España distinta, una sociedad diferente, muchos llegaron a creer que había huido al extranjero, que me había exiliado pero no, mi percepción de la realidad era muy diferente y también mis temas literarios, que no la forma, pues un escritor cuando toma la forma ya no la suele variar jamás.
Había ganado en sabiduría, pues el sufrimiento ayuda mucho, te hace más sabio, pero no sospechaba que vendrían más pruebas del mismo calibre, hasta la última prueba, aunque nadie sabe cuándo será la siguiente.
En esta nueva prueba tengo que demostrar o más bien cerciorarme que yo estaba en lo cierto. Oigo nuevas voces o quizá las mismas solo que comienzo a sentirlas como nuevas, pues de eso se trataba, de sentir, no de escuchar…. ¡Y qué diferente es todo!. Me hablan de algo desconocido y apremiante aunque ya lo había escrito y explicado, solo que sin conocerlo realmente, sin vivirlo, me gustaría tener tiempo para poder hacerlo. En relación con Dios no sabía casi nada, aunque he escrito en medios religiosos como el diario “YA”, “VIDA NUEVA”, “MUNDO CRISTIANO”, “MÁS”, ”ICONO”, etc, además de mis colaboraciones profanas. Era como probar un escudo o una espada golpeando las del enemigo, para ver si estaban suficientemente templadas.
Ahora he leído por ejemplo “El regreso del hijo pródigo”, libro a mí entender esencial para llegar al conocimiento de Dios sin los traumas que mi generación ha sufrido.
En ”El regreso del hijo pródigo” del autor Henri J.M. Nouwen – nacido en los Países Bajos - y a través del cuadro de Rembrant . Nos explica la parábola desde la perspectiva del hijo menor, del hijo mayor y del Padre, y todos ellos en su relación real con el autor que es como decir con de cada uno de nosotros; bien es verdad que se lee con pasión si estás además en una situación difícil al límite.
Algo parecido me ocurrió con la lectura de “La ciudad de la alegría” en vísperas de un intervención difícil, y recomendada telefónicamente por mi inolvidable amigo José María Gironella.
Otra cosa curiosa me ocurrió con “Cien años de soledad”, de García Márquez. Comencé a leerlo en las vacaciones de Semana Santa en el Parador Luis Vives de El Saler (Valencia), estaba en la compañía de mis padres y hermanos y de otro matrimonio amigos de ellos, con sus respectivos retoños a los que acompañaba la tía Pepi, esa mujer extraordinaria e inolvidable para mí.
Pues bien, las comidas eran tan opulentas que comenzaban a las dos y media de la tarde para concluir a las 18,30 horas de la misma.
Aquellos empachos de manjares me tenían aturdido y anestesiado, no pasé de la segunda página, sin embargo al regresar a Madrid me lo bebí de un tirón y en tiempo récord.
Así es la vida amigos, la vida y sus circunstancias como decía el maestro Ortega, cada libro cae en tus manos en un momento señalado, como será el momento en que el Señor nos llame y no el que preveían los médicos y otros familiares.