Domingo 11 de agosto de 2013
El conflicto palestino-israelí lleva enquistado desde hace décadas, y es uno de los que más preocupan a la comunidad internacional. Son numerosos los intentos que se han llevado a cabo para ponerle fin, pero no solo han fracasado, sino que parece que de manera periódica el enfrentamiento se recrudece, convirtiendo Oriente Próximo en uno de los lugares del mundo de mayor tensión. Tras varias negociaciones –recuérdese por ejemplo la famosa Cumbre de Camp David en el 2000 que auspició Bill Clinton- abortadas sin llegar a ningún resultado óptimo, el proceso de paz estaba congelado desde 2010, lo que no deja de suponer una latente amenaza en la zona, que ha provocado continuos estallidos de violencia.
Ahora, el secretario de Estado norteamericano John Kerry ha conseguido, tras seis viajes a la zona y habérselo propuesto como una prioridad desde su reciente nombramiento como jefe de la diplomacia norteamericana, que Israel y Palestina accedan a reanudar un proceso de paz hasta el momento infructuoso. Después de unos primeros contactos previos, está previsto que los equipos de trabajo, encabezados por Tzipi Livi, en la parte israelí, y Saeb Erekat en la palestina, mantengan una reunión el día 14 en Jerusalén y otra posterior en Jericó (Cisjordania). La Unión Europea (EU) se ha apresurado a declarar que apoya la iniciativa de Kerry con todos los medios a su alcance, haciendo hincapié en que se trata de una “oportunidad histórica”.
Sin duda, debe saludarse la reanudación de las negociaciones con esperanza. Pero es también indudable que hay que ser muy conscientes de que este proceso es enormemente frágil, como se ha visto en anteriores ocasiones. No parece por ello lo más conveniente ni oportuno que, en estos delicados momentos, Israel haya autorizado más asentamientos judíos en Cisjordania, cuando estos asentamientos son uno de los puntos más conflictivos del secular contencioso. No olvidemos que las negociaciones de 2010 se rompieron fundamentalmente porque el Gobierno israelí, presidido por Benjamin Netanyahu, dio por terminada la moratoria que durante 10 meses impidió que crecieran los asentamientos. Esperemos que Israel recapacite sin demora y no adopte una actitud intransigente que ponga en la cuerda floja esta nueva oportunidad para la paz en el castigado Oriente Próximo. Resulta muy difícil negociar si una de las partes sigue una política de hechos consumados antes de sentarse en la mesa.
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