CRÍTICA
Domingo 11 de agosto de 2013
Alfredo Corchado: Midnight in Mexico. A reporter’s journey through a country’s descent into darkness. The Penguin Press. New York, 2013. 304 pages. 21,24 €. Libro electrónico: 15,42 €
Corchado, nacido en México, criado en los Estados Unidos, a donde llegó de muy niño, ciudadano americano, periodista de profesión, tiene una larga y distinguida carrera en varios medios de comunicación, entre los que se encuentran The Dallas Morning News, The Wall Street Journal y El Paso Herald Post. Buen conocedor de su país de origen y de la lengua española ha dedicado una significativa parte de trayectoria a escribir sobre México y sobre sus problemas y el resultado es este libro, cuya persistente amargura queda bien reflejada en el subtítulo del volumen: “El descenso de un país hacia la obscuridad”.
Como tantos otros de sus compatriotas originarios y sobrevenidos Corchado, que sin duda sabe que su nacionalidad es la norteamericana y su sitio los Estados Unidos, tiene sin embargo el “corazón partío”, que diría Alejandro Sanz, y se acerca al país que le vio nacer, donde residen familia y recuerdos y que tan cerca queda de su patria actual, con el vehemente deseo de que su destino y el de sus habitantes mejoren, que conjure de una vez por todas un pasado de pobreza, corrupción y violencia, que se convierta en una país normal y habitable. En definitiva, que se parezca a los Estados Unidos. Y sin embargo sus esperanzas se ven sistemáticamente frustradas: pierde el PRI las elecciones y el poder por primera vez en setenta años y llega Vicente Fox y el PAN asegurando un nuevo futuro, que desgraciadamente se queda en mucho menos de lo esperado; sustituye Felipe Calderón, también del PAN, a Fox en la presidencia del país y, a pesar de sus indiscutibles avances sociales y políticos, el país está cada vez mas anegado en la sangre del narcotráfico y sus innumerables complicidades; y llega ahora Peña Nieto, retornando con ello el PRI a la presidencia, y la mueca del momento no puede ser otra que la del escepticismo.
Sobre el entramado de sus reportajes sobre el narcotráfico, en verdad espeluznantes, Corchado teje una narración en la que se van alternando recuerdos personales y familiares, bosquejos de la historia de México, descripciones descarnadas de la vida diaria en el dolorido país y desgarrados lamentos sobre las vicisitudes nacionales. Si Corchado fuera español se habría reencarnado en el espíritu y en la pluma de Mariano José de Larra. “Incluso si en algunos momentos me he sentido mal acogido en los Estados Unidos- escribe Corchado- siempre creí que allí tenía una oportunidad de progresar en un espacio más nivelado. O por lo menos sabía el terreno que pisaba. El México con que me vi confrontado era desigual, hipócrita y paralizado. Los ricos encerrados detrás de sus puertas, los pobres aceptando cualquier trabajo que pudieran imaginar para recibir una mísera compensación. Los mexicanos con los que me podía relacionar con facilidad eran normalmente aquellos que habían escapado hacia el Norte o que pasaban algún tiempo en los Estados Unidos, aquellos que podían entender mi mundo bicultural y binacional”.
Por la misma fuerza de las cosas, Corchado representa un sector creciente y vigoroso en los Estados Unidos, aquel que se nutre de mexicanos de origen definitivamente radicados y nacionalizados en los Estados Unidos, con una noción clara de su pertenencia pero también con una nostalgia profunda, entre vital y literaria, por la patria perdida, a la que conceden poco remedio. “México sigue siendo un país vulnerable porque doscientos años después de la independencia no ha sido nunca capaz de fortalecer sus instituciones judiciales o de crear empleos suficientes para una juventud inquieta que tiene pocas oportunidades”. Un país donde los muertos sin nombre se cuentan por millares, donde la corrupción campa sin respeto por todos los estamentos de la vida nacional, donde los capos de la droga y el crimen controlan territorios y economías, donde las gentes no tienen tarjetas de visitas por el temor de que al ser secuestrados se conozca su domicilio y donde los que tienen tarjetas de crédito no las llevan en sus carteras para evitar verse forzados por el ladrón de turno a vaciar sus cuentas en los cajeros automáticos.
¿Exagera Corchado? Posiblemente la dinámica del relato -construido con materiales más novelescos que periodísticos- le haya llevado a dibujar un cuadro donde prima el espanto y la desolación, a los que hay que añadir los propios e inevitables miedos, que el periodista transcribe sin rubor, ante las amenazas y las incertidumbres que la misma profesión genera y recibe. Y con todo, es un testimonio estremecedor que se lee con fruición y una pizca de angustia. Porque al final de la historia, el lector, como el propio Corchado, desearía un futuro mejor para la gran nación mexicana. Quisiéramos pensar que no es un sueño imposible.
Por Javier Rupérez