Sadio Garavini di Turno | Lunes 12 de agosto de 2013
Regresando de unos días en el exterior, me encuentro con un país deteriorado, la inflación y la rápida devaluación de la moneda, empobrecen, directa e indirectamente, a todos los venezolanos. En un reciente artículo de la prestigiosa revista The Economist, se reseña la enorme corrupción de este gobierno, superior a la de países como Zimbabwe y Haití. Las encuestas serias, que reflejaban en el pasado la popularidad del caudillo fallecido, ahora señalan claramente la acelerada decadencia del régimen y, en particular, de la imagen del débil e incongruente Maduro. Pero, como toda bestia herida, el gobierno se vuelve más agresivo y peligroso. Se advierte claramente un aumento considerable de la represión de la alternativa democrática, a través del terrorismo judicial y fiscal, utilizando sin escrúpulos el control sobre la fiscalía, el poder judicial y la Asamblea Nacional. Un gobierno, con 15 años en el poder y que ha manejado la bonanza petrolera más ingente y duradera de la historia del país, es capaz, insultando la inteligencia y el sentido del ridículo de los venezolanos, de quitarle la inmunidad a un diputado de la oposición que nunca ha tenido un cargo público, acusándolo de corrupción. El acoso neofascista a los medios independientes, como el diario El Nacional, es impresionante y vergonzoso.
La estrategia constitucional, democrática y fundamental, pero no exclusivamente, electoral, para enfrentar un régimen “semiautoritario” con vocación totalitaria, pero con relevante y esencial apoyo popular, ha tenido como resultado que la oposición, desde el 2006, ha crecido, en los cómputos oficiales, desde el 37% hasta el 50% del voto popular. Y esto a pesar del descarado e ilegal ventajismo, las amenazas a los empleados públicos, la intimidación y violencia contra los testigos de la oposición, el abuso del voto asistido y el voto doble y falso en algunas regiones del país. Pero, es importante aclarar que los votos que “salen” de las maquinas coinciden con los votos emitidos. Si fuese posible cambiar realmente el resultado a través del fraude electrónico, les aseguro que la victoria de Maduro el 14 de abril hubiese sido mucho más holgada. Ahora, las últimas encuestas le dan una ventaja de varios puntos a Capriles, en un eventual nuevo enfrentamiento electoral.
Los tiempos de la historia y la política son distintos a los tiempos vitales de los individuos, 15 años no son nada en la historia, pero son muchos para cada uno de nosotros. Es comprensible que haya desesperanza e impaciencia entre muchos demócratas. Recordemos que la impaciencia y la búsqueda de atajos crearon las condiciones para errores políticos graves como el paro petrolero y el abstencionismo del 2005. En política, como decía Gracián: “no basta la sustancia, requiérese también la circunstancia”. Hay luz al final del túnel. Un ciclo histórico se está cerrando. El régimen se mantuvo por la ecuación: carisma del caudillo + inmensa y sostenida chequera petrolera + falta de alternativa creíble. Esto se acabó. La pérdida de apoyo popular está creando las condiciones para el “plan B” de muchos que han apoyado al régimen: jueces, militares, diputados… Pero, la transición es lenta, difícil y riesgosa. Vienen tiempos duros, económica y políticamente. En la crisis que vivimos, la impaciencia es mala consejera. La unidad y la disciplina alrededor del liderazgo natural, legítimo e insustituible de Capriles, son absolutamente indispensables. Fuera de la unidad sólo hay suicidio, exilio, ingenuidad o estupidez.
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