Los astrofísicos de la Universidad Complutense de Madrid Carlos y Raúl de la Fuente han publicado recientemente un estudio sobre el origen del meteorito que cayó sobre la localidad rusa de Chelyabinsk el pasado mes de febrero. Aunque no puede ratificarse con total certeza, de los cálculos de los hermanos De la Fuente se desprende que el objeto impactado en el norte de Rusia es un fragmento del asteroide 2011 EO40 y, sin poder realizar afirmaciones categóricas, sí es "muy posible" que existan otros segmentos con posibilidad de impactar contra la Tierra.
Llegó a la Tierra el 15 de febrero dejando una estela luminosa en el cielo, 1.500 heridos y un susto mayúsculo en la localidad rusa de
Chelyabinsk. Medía 17 metros de diámetro, pesaba 10.000 toneladas y liberó una energía 30 veces superior a la bomba de Hiroshima. Hasta ahí. Poco más se sabía del superbólido o, como se conoce popularmente, meteorito que impactó contra la superficie terrestre a principios de este 2013, el más grande del que se tiene constancia desde 1908. Hasta ahora. Dos investigadores de la Universidad Complutense de Madrid han determinado que el meteorito caído en el norte de Rusia podría ser un fragmento del
asteroide 2011 EO40, que orbita alrededor del Sol entre nuestro planeta, Venus y Marte. Además, según su estudio, es “muy posible” que existan otros pedazos, ‘hermanos’ de Chelyabinsk, susceptibles de ocasionar nuevos impactos contra la Tierra.
Los hermanos
Carlos y Raúl de la Fuente Marcos empezaron a realizar cálculos al día siguiente de que el meteorito sorprendiera al mundo. “Nuestro objetivo era asociar el superbólido con algún asteroide conocido”, explica a este periódico Carlos de la Fuente, quien señala que, al utilizar las hipotéticas órbitas del impacto en Chelyabinsk descritas por otros autores inmediatamente después del suceso, “el rango de posibilidades era demasiado grande”. Por eso, los astrofísicos de la Complutense utilizaron el conocido como
método de Monte Carlo –una técnica estadística para aproximar expresiones matemáticas complejas, costosas de calcular con exactitud- para obtener su propia estimación de la órbita que dibujó el meteorito al caer. El resultado fue "una órbita más robusta estadísticamente hablando”, según la califica De la Fuente, a partir de la que poder retroceder hacia el origen del superbólido.
Otros equipos de investigación ya habían calculado antes, a partir de las imágenes de cámaras de seguridad o del satélite Meteosat, la órbita que trazaba el meteorito ruso justo antes de caer sobre Chelyabinsk. Sin embargo, esta es la primera vez que se describe, con una importante probabilidad de acierto, la órbita en la que se movía el cuerpo varios días antes de su encuentro con la Tierra. Para ello, tal y como explica el astrofísico, se ha tenido en cuenta el necesario cambio de órbita que sufrió el objeto a medida que se acercaba a la Tierra “debido a la intensa fuerza gravitatoria ejercida por nuestro planeta y también a la atmósfera”. Introduciendo estos condicionantes en sus cálculos, los hermanos De la Fuente han conseguido situar al meteorito en su recorrido original.
“Una vez obtenida la órbita más probable, la comparamos con la de todos los asteroides conocidos,
más de 600.000, resultando el 2011E040 el candidato con un mayor grado de similitud en su trayectoria”, explica el investigador. Además, los astrofísicos comprobaron, gracias a un programa informático de simulaciones desarrollado por el Dr. Sverre Aarseth de la Universidad de Cambridge, que los posibles cambios de órbita que el asteroide haya podido sufrir en los últimos 20.000 años no restan probabilidad al hecho de que el meteorito ruso sea un fragmento suyo. Esto quiere decir que, aunque sus encuentros con Venus, La Tierra y Marte durante miles de años hayan podido perturbar su órbita, el 2011 EO40 sigue siendo un “candidato razonable” a padre del superbólido de Chelyabinsk.
Aunque poco se sabe del 2011 EO40, descubierto en marzo de 2011 por el astrónomo
Richard A. Kowalski, se cree, tomando como referencia cuerpos similares, que tiene unos 200 metros de diámetro y que es una
pila de ‘escombros’ en forma de patata. “Este tipo de asteroides son inherentemente frágiles” y sus partes permanecen “débilmente ligadas por microgravedad”, explica De la Fuente. Su falta de cohesión interna hace fácil que se desprendan fragmentos “que pueden dar lugar a meteoros, bólidos o superbólidos como el de Chelyabinsk”, continúa el astrofísico. Además, el 2011 EO40, en concreto, ve incrementada su probabilidad de segmentación debido a la forma elongada de su órbita: en su punto de mayor cercanía al Sol está más próximo al éste que Venus y en el extremo opuesto de su órbita, está más alejado del Sol de lo que se encuentra Marte. “Estas grandes diferencias de temperatura contribuyen a debilitar la estructura interna del asteroide y facilitan su fragmentación”, concluye el investigador de la Complutense.
¿Nuevos impactos?Aunque no deja de ser una hipótesis, robusta pero no probada, “siempre es interesante poder trazar el origen de acontecimientos cósmicos”, defiende Carlos de la Fuente. Yendo un paso más allá, los datos obtenidos gracias a la investigación en torno al meteorito ruso pueden ayudar a entender procesos más generales del universo. “La existencia de varios cuerpos moviéndose en órbitas similares parece sugerir que un objeto bastante grande,
quizá de tamaño kilométrico, se desintegró hace relativamente poco tiempo –unos 20.000 ó 40.000 años- y el material resultante continúa en órbita”, explica el astrofísico.
Según De la Fuente, los datos de su estudio indican, por tanto, que “la producción de material asteroidal de pequeño tamaño continúa en el Sistema Solar” y que “es posible que parte de ese material se encuentre eventualmente con la Tierra”, como ocurrió en Chelyabinsk en hace seis meses.
Aunque el astrofísico advierte de que “no es posible realizar afirmaciones categóricas”, considera “
muy posible” que durante el proceso de desintegración del asteroide 2011 EO40, del que resultó el superbólido caído en Rusia, se generasen “miles de fragmentos de tamaño similar o más pequeño que el del responsable del episodio de Chelyabinsk”. Los pedazos más pequeños se consumirían por completo al viajar a través de la atmósfera. Los que midan
entre 15 y 20 metros de diámetro, como el ruso, pueden sobrevivir a su entrada en la Tierra y provocar daños.
En cualquier caso, el investigador co responsable del estudio, difundido a finales de julio en una
publicación especializada, asegura que “desafortunadamente y con la información disponible no es posible asegurar que se vayan a producir episodios similares al de Chelyabinsk ni tampoco se puede excluir esa posibilidad”.
Seguir investigandoPor lo general, el impacto de un meteoro contra la Tierra puede predecirse si se descubren con suficiente antelación como para poder realizar los cálculos necesarios.
En el caso del superbólido ruso, su presunta relación con el asteroide 2011 EO40 y la posibilidad de que nuevas fragmentos ‘hermanos’ lleguen a la superficie terrestre, los hermanos De la Fuente aseguran seguirán investigando, puesto que "el tema es sumamente interesante y tiene muchas ramificaciones". Además, esperan que “otros investigadores puedan observar en el futuro” tanto al 2011 EO40 como a otros candidatos a origen del meteorito de Chelyabinsk, para definir sus órbitas de una manera “más precisa” y obtener resultados “más fiables”.
En la actualidad, tal y como explica Carlos de la Fuente,
hay dos formas de corroborar su tesis. La más cara y fiable consistiría en tomar muestras del 2011 EO40 ‘in situ’, utilizando una nave no tripulada, para analizarlas y compararlas con la composición del superbólido ruso, que se conoce de forma muy precisa. “Una misión de este tipo requiere varios años de planificación y cientos de millones de euros de presupuesto”, lamenta el astrofísico. La alternativa menos cara, aunque no del todo concluyente, es la toma de espectros, es decir, de la radiación electromagnética que emite el asteroide y a través de la que puede analizarse su composición. Mediante telescopios grandes, como el
Gran Telescopio de Canarias, podrían obtenerse estos espectros del 2011 EO40 en un día con un coste de unos 100.000 euros.
Recopilación de imágenes del momento de la caída del meteorito.