Sábado 17 de agosto de 2013
La agencia europea de estadística, Eurostat, ha recogido los últimos datos de evolución de la producción, que se corresponden con el segundo trimestre de la Unión Europea y de la Eurozona. Esos datos muestran que la economía de la moneda común ha salido de la recesión, por vez primera en seis trimestres, lo cual ha sido saludado con esperanza por parte de muchos. Aunque han sido los políticos más que los analistas los que ven en esa salida del terreno negativo un cambio de tendencia.
Esta es una crisis económica, no el final de un sistema. Tiene un carácter cíclico y por tanto antes o después saldremos de esta situación de declive económico. Los datos de PIB del segundo trimestre son congruentes con un abandono de la recesión, y tienen cierta lógica dentro del momento que vivimos del ciclo. Pero están aún muy lejos de señalar una verdadera recuperación económica. Según apuntan, por ejemplo, los analistas de Markit, esta mejora se debe sobre todo a “factores no repetibles”, como una mejora en el tiempo atmosférico o un salto en las ventas de coches. También hay otras cuestiones técnicas que influyen en esta mejora y que no se repetirán en el tercer trimestre del año.
Vaya ello por lo que se refiere a la medida de la recuperación en marcha. Pero lo más relevante es la medida del desempeño que va a poder realizar en los próximos años. La economía privada está mejorando su posición financiera. Las cuentas públicas, por el contrario, sólo han logrado aminorar la velocidad a la que empeoran. Este viernes hemos tenido la noticia del pavoroso aumento de la deuda pública española, que supera el 90 por ciento del PIB.
¿Qué implicaciones tiene ello? En primer lugar, que la economía privada va a continuar su lento y penoso proceso de reducción del endeudamiento durante años, y en ese período su contribución al crecimiento estará limitada por ese desapalancamiento. Y, en segundo lugar, las cuentas públicas de los Estados europeos tendrán que seguir el mismo camino, también durante un período prolongado en el tiempo. Ese proceso asegurará la sostenibilidad de un crecimiento acelerado, cuando llegue. Pero también implica que éste tardará años en hacer aparición, y tendremos que acostumbrarnos a vivir con austeridad durante un período que no se mide en años, sino en lustros.
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