La cooperación entre Europa y los Estados Unidos puede ampliarse en gran medida, con importantísimas consecuencias económicas y políticas, muy positivas. Pero los escollos son también muy grandes.
DB Research, una división de Deutsche Bank, ha publicado un informe muy relevante, dentro de su serie EU Monitor, titulado: Atlantic unity in global competition. Trata del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (
TTIP). Según relata el informe, Europa, “dentro de su estrategia ‘global Europe’, ha intensificado sus esfuerzos y ha terminado nuevos acuerdos bilaterales e interregionales con, entre otros, la India, Japón, Canadá, Mercosur, América Central, Asean y otros socios desde 2006”.
El acuerdo transatlántico, TTIP, además de los beneficios económicos, “lanza una señal políticamente muy fuerte, de que a pesar de las continuas turbulencias en el sistema financiero y en la economía en su conjunto, las principales potencias del orden económico post bélico (II Guerra Mundial) tienen la intención de unir su política comercial en una contribución al crecimiento y el bienestar, para estar a la altura de los retos económicos lanzados, en particular, por las economías emergentes de Asia, especialmente China; y, como mercados de potencias, ejercer una posición de liderazgo en la formulación de la regulación y de la diplomacia”.
Según señala el informe, “las oportunidades económicas de un acuerdo transatlántico son grandes por la sencilla razón de que cada parte está negociando con el mercado de su socio más importante para la inversión directa y para el comercio”, por lo que “se pueden lograr efectos relativamente grandes, eliminando barreras”.
Pero ¿qué barreras son esas? Los economistas clásicos estudiaron los efectos de las barreras arancelarias, que eran sinónimo de las barreras al comercio. Eso era así porque prevalecía una economía de mercado, no sin regulación invasiva, pero que era relativamente liviana. Ahora las principales barreras son las no arancelarias, las que se derivan de la regulación ¿Qué relevancia relativa tienen?
Por lo que se refiere a la madera y productos papeleros, los aranceles son del 0,2 por ciento en los Estados Unidos, y del 0,5 en la Unión Europea. Nada significativo; casi un instrumento contable, para fiscalizar las cantidades, más que para recaudar. Ahora bien, las barreras no arancelarias suponen un sobrecoste (manteniendo el orden EEUU-EU) del 11,3 y del 7,7 por ciento, respectivamente.
Esta relación se mantiene en otros productos. Por ejemplo, metales y productos metalúrgicos: Las barreras arancelarias (siempre el orden es EEUU-EU) son del 1,3 y 1,6 por ciento, y las no arancelarias del 11,9 y del 17 por ciento, respectivamente. Bienes alimenticios elaborados: 3,3 y 14,6 por ciento barreras arancelarias, y 56,8 y 73,3 por ciento no arancelarios.
Si vamos a los servicios, la situación es igual. El coste equivalente de las barreras no arancelarias en los bienes es del 21,5 por ciento en los Estados Unidos, y del 25,4 por ciento en la UE. Mientras que en los servicios es, respectivamente, del 8,5 por ciento en EEUU, y del 8,9 en la UE.
Es decir, que los mayores avances se tienen que hacer en la regulación. Son barreras más complicadas de entender, más fáciles de vender por parte de los intereses especiales, por medio de sus portavoces, los políticos. Por tanto, son más difíciles de rebajar, no digamos echar abajo. Pero como señala el propio informe, es mucho lo que se juega Europa. No ya los importantes beneficios económicos, que mejorarán el empleo y los salarios y le darán mayor estabilidad política al continente, sino como señala el propio informe, una mayor capacidad de maniobra para imponer estándares de regulación a Asia. Esta será una de las grandes batallas económicas del primer tercio de siglo.
El Tratado Transatlántico: lo más importante no es lo único importante.
El gran reto transatlántico.