Viernes 23 de agosto de 2013
La guerra civil enquistada en Siria ofrece cada día un rostro más sangriento y dantesco. Ahora la oposición ha acusado al régimen de Bachar Al Assad, aferrado al poder a sangre y fuego, de haber perpetrado el más mortífero ataque con armas químicas de los últimos veinticinco años. El Gobierno ha reconocido que atacó el suburbio de Ghuta, al este de Damasco, pero con armamento convencional.
No es la primera vez que se acusa a Al Assad de emplear armas químicas en un conflicto que está sumiendo al país en una terrible y trágica realidad, que ha causado miles y miles de muertos y heridos y un éxodo masivo, y cuya salida se presenta harto complicada. Pero la cada vez más caótica situación del avispero sirio no puede llevar a que la comunidad internacional se desentienda. No se ha demostrado, aunque los indicios, apoyados en grabaciones de extrema dureza, apuntan a ello, que las últimas acusaciones de la oposición sobre el uso de armas químicas sean ciertas. Y no deja de resultar un tanto extraño que Al Assad haya lanzado ese ataque precisamente en estos momentos, cuando se encuentra en Siria una delegación de la ONU, autorizada por el propio Al Assad, para investigar el supuesto empleo de armas químicas por parte de su régimen.
De ahí que sea muy urgente que esa comisión de la ONU se emplee a fondo y emita un dictamen veraz e independiente. Con este fin, la alta representante para Asuntos de Desarme, Angela Kane, se desplazará a Siria, siguiendo instrucciones de Ban Ki-moon, secretario general de Naciones Unidas. Barack Obama ha señalado en ocasiones que la comprobación y confirmación del uso de armas químicas en Siria supondría una intervención. Con igual criterio, se ha manifestado el presidente francés François Hollande, que ahora, con motivo del ataque a Ghuta, ha vuelto a reiterar su postura.
Evidentemente, lo primero es investigar y aclarar de una vez por todas si se han producido ataques químicos en Siria. Y si eso fuera así, aunque sin dar por cerrada la vía diplomática, la comunidad internacional debería plantearse ya la posibilidad de una intervención directa.
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