Opinión

Aparente cambio de Putin sobre Siria

Jueves 05 de septiembre de 2013
Hace pocos días Vladimir Putin señaló que era absurdo e insensato pensar que Bachar Al Assad había empleado armas químicas contra la población civil y predijo que una acción militar en Siria acarrearía graves consecuencias. Ahora no rechaza de plano, como ha venido haciendo, esa posible intervención, sino que ha declarado que no la descarta. Aunque matiza que para ello hay dos condiciones inexcusables: por un lado, que se demuestre de manera inequívoca que ha habido un ataque con este tipo de armas y que Al Assad es sin lugar a dudas quien las ha utilizado -las pruebas que hasta ahora ha aportado Estados Unidos le parecen insuficientes-, y, por otro, que el Consejo de Seguridad de la ONU dé su aval.

Este cambio de opinión del presidente ruso no deja de ser sorprendente, teniendo en cuenta no solo las buenas relaciones del Kremlin con la dictadura siria -para Putin de forma taxativa “el gobierno legítimo de Siria”-, y el permanente veto ruso en la ONU para su condena, sino que, en consonancia con sus últimas actuaciones, da la impresión de que Rusia ha desempolvado la mentalidad de Guerra Fría. La Administración de Obama ha venido detectando una escasa, cuando no nula, colaboración de Rusia en cuestiones cruciales como el futuro del desarme y, en especial, su negativa a contribuir al control del desarrollo de misiles intercontinentales con carga atómica por parte de Irán. Y su decisión de conceder asilo al espía Edward Snowden fue la gota que colmó el vaso para que el presidente norteamericano cancelase su encuentro con Putin previo a la cumbre del G-20.

Como también es curioso que esta nueva postura respecto a Siria se haya producido precisamente cuando esa cumbre del G-20, que se celebrará en San Petersburgo y de la que Putin es el anfitrión, está a la vuelta de la esquina. No resulta imposible que el mandatario ruso haya querido ganar tiempo, ahora que la Comisión de Exteriores del Senado de Estados Unidos ha dado luz verde a la intervención, si bien queda la decisión del Congreso. Ante la que, por cierto, Putin ha dicho que sería un acto de agresión si autoriza el ataque. No obstante, tampoco hay que desechar que Putin haya reconsiderado su anterior postura, y las dos condiciones que pone no son extemporáneas. Si se confirma este cambio -del dicho al hecho hay mucho trecho- se abriría un nuevo horizonte en la encrucijada frente al terrible conflicto sirio.

TEMAS RELACIONADOS: