Cecilia Gómez presenta en Cupaima un montaje lleno de color y exquisitas composiciones musicales inspirado en la vida de la cantante costarricense, mexicana de adopción, la gran Chavela Vargas. En los Teatros del Canal hasta el 14 de septiembre.
Cupaima es el nombre chamán de
Chavela Vargas, cantante a la que
Cecilia Gómez homenaje en un espectáculo del mismo nombre que puede verse en los Teatros del Canal hasta el 14 de septiembre. La coreógrafa y bailaora estuvo hace dos años en México exponiéndole su idea para montar esta obra. El espectáculo, que cuenta con la colaboración de Antonio Canales, presenta a través de nueve escenas el encuentro entre Chavela y el chamanismo, destacando momentos importantes o interesantes de su vida.
El director Luis Olmos asegura que es
el respeto y la admiración que sigue despertando la gran Chavela Vargas lo que les ha llevado a montar este espectáculo, “un cálido y sincero homenaje flamenco expresado desde la danza”. Su intención no es hacer un trabajo biográfico, sino aproximarse a ella y acercarla al público recreando poéticamente situaciones y anhelos que pudieron tener un especial significado en su dilatada e intensa vida.
Con el beneplácito de la artista, Cecilia Gómez se puso manos a la obra, y el resultado es de nota. El
colorido de la escenografía, el vestuario cuidado al detalle y un
cuadro de música tocando en directo un repertorio lleno de calidad y matices que, verdaderamente, recuerdan a México y a sus gentes, hacen de este espectáculo un regalo para los sentidos y el disfrute del público.
La historia empieza cuando Chavela era una niña, enferma y débil. Se recrea una bonita escena donde la pequeña llega hasta los
chamanes para ser curada. Las coreografías de este cuadro, junto al último, han sido creadas por Antonio Canales, quien también baila junto al resto del elenco, y a quien el papel le viene como anillo al dedo, lo mismo que a Cecilia Gómez el personaje de Chavela con una sorprendente interpretación que consigue recrear los detalles más personales de la artista mexicana.
La obra indaga en los momentos más íntimos de la cantante. La dama del tequila compartió una gran amistad con
Frida Kahlo, si bien una amistad bañada de erotismo. Como dijo la propia Chavela: “Me unió a Frida la manera de pensar, y de ser…”. Era una época en la que no seguir con el estereotipo de mujer de casa era motivo suficiente para ser mal mirada, señalada e, incluso, rechazada, tal y como muestra una de la escenas del espectáculo, en la que Cecilia, encarnando a Chavela, se despoja de sus faldas y muestra un pantalón. Esa valentía le lleva a ser rechazada incluso por su familia.
Aun así, Chavela no tuvo miedo a reconocer que los hombres simplemente no le apetecían. Durante un tiempo Chavela vivió junto a Frida y Diego Rivera en su casa de Coyoacán y, aunque el romance entre ellas dos nunca se hizo público, existen cartas que muestran la devoción que sentían la una por la otra. Y esa
devoción y ese erotismo que las unía están perfectamente interpretados por Cecilia Gómez y una de las componentes del cuerpo de baile, muy bien caracterizada como Frida Kahlo.
El espectáculo también muestra cómo Chavela sueña con
Lorca, su amado y admirado poeta, o cómo se divierte con José Alfredo Jiménez y otros amigos. Siempre con su inseparable botella de tequila, debatiéndose entre el coraje y el dolor.
A medida que se encanece su pelo, el tiempo le otorga el valor de las pequeñas cosas, hasta que ya mayor, y después de una vida de pasiones, excesos y altibajos, los chamanes y el mundo entero le dicen:
“Hasta siempre, Chavela”.
Y así se acaba el espectáculo y así se apaga la voz de la dama del poncho rojo, una voz que como muestra el homenaje de Cecilia Gómez siempre será recordada y nos hará pensar. Porque como ya dijo ella: “Cuando yo canto los que me escuchan sienten. Y lloran, porque se dan cuenta de que todavía son capaces de sentir. A pesar de los males del mundo…Y es que hay que llenar el planeta de violines y guitarras en lugar de tanta metralla”. Te haremos caso, Chavela.