Germán Ubillos | Domingo 15 de septiembre de 2013
Pietro Parolini, número dos del Vaticano dijo en una entrevista al diario “El Universal” que “el celibato no es un dogma”, de manera que es un precepto sobre el que es posible discutir sobre ello porque es una tradición eclesiástica. El debate es un desafío para el papa Francisco que le nombró Secretario de Estado del Vaticano. El nombre de Tarsicio Bertone quedó salpicado tras la filtración de documentos secretos vaticanos. A su vez el nuncio en EEUU denunciaba la corrupción, prevaricación y mala gestión en la administración vaticana.
Todos estamos, los seglares y ciudadanos, bajo la constante preocupación de que el papa Francisco sufra “cualquier accidente” que lo haga desaparecer de este mundo antes de tiempo para pasar al otro como ocurrió con su antecesor, el sonriente y bondadoso Juan Pablo I, los poderes de la Curia y los de las fuerzas del mal son muy tremendos y sería ingenuo pensar que un solo hombre de un solo plumazo pueda cambiar todo esto dando un golpe en la mesa.
Esto ya lo advertimos cuando fue elegido papa y comenzó a hacer esos gestos populistas ajenos al cargo que ocupa y a sus enormes poderes y responsabilidades, muchas personas físicas y muchos organismos políticos se pusieron a temblar, quien no lo quiera ver así es que cree en la santidad de los clérigos como si no fueran de este mundo, Cristo los nombró pertenecientes a otro mundo, pero el cuerpo es el cuerpo y la carne es la carne, no se puede sublimar o hacer desaparecer así como así, esto lo podemos comprobar todos cuando nuestra integridad corre peligro, sería pueril pensar que los sacerdotes, los obispos, los cardenales y los fieles somos solamente espíritus, que más quisiéramos, pero tenemos que dormir, comer, respirar, defecar, y otras cosas que sí, son de este mundo.
Pietro Parolini, nuevo Secretario de Estado ha dado la voz de alarma o ha metido la pata como lo ha hecho nuestro actual ministro de Asuntos Exteriores en relación con la Diada en Cataluña.
Bien. Nadie es perfecto y no se puede pedir a los seres humanos más de lo que pueden dar; para poder entrar por el camino estrecho del paraíso hace falta algo más que nuestras fuerzas, necesitamos la gracia de Dios y sobre todo su divina Misericordia.
Confiemos que le papa Francisco tenga eso, misericordia, porque si es muy rigorista le vemos en peligro, en peligro de desaparecer como papa, claro.