Cultura

Los noventa de Fernando Díaz-Plaja

en Montevideo

Martes 06 de mayo de 2008
Los embajadores de Colombia y México, diversos estamentos culturales de Uruguay y Argentina, escritores, periodistas y, sobre todo, amigos, muchos amigos y entusiastas de su obra a los que Fernando y Haydée, su mujer, cuidan desde que, alejados de España, se vinieron a vivir a Uruguay.

En plena forma, elegante como un “lord” inglés, agudo y mordaz en su casticismo e ingenio, ocurrente en diversos momentos como homenajeado, Fernando Díaz-Plaja dio muestras de que a los noventa sigue dispuesto a mantener intacta su capacidad de trabajo y programas de conferenciante y ensayista. A las 127 obras ya publicadas se añadirá en próximos meses otra publicación, “Maremagnum”.

Fernando y Haydée transmitían vitalidad, energía y brío. Tuvieron, a lo largo de la recepción, tiempo y ocasión para entrevistas, diálogo con la televisión y “apartes” en los que apurar un rioja y algún canapé.


Díaz-Plaja con el grupo de intelectuales argentinos y uruguayos: Javier Ricca, Marcello Stefanel, Rodolfo Rabanal, Santiago Malabia, Angelina Parodi, Gustavo Bossert y Alejandro Paz

Mirar al pasado con ironía
En palabras breves pero sinceras, el embajador Valderrama felicitó al escritor y confirmó a los presentes que el Gobierno español le ha concedido la Encomienda con placa de la Orden de Alfonso X el Sabio y que para él, como Jefe de Misión, era una satisfacción testimoniar el apoyo de los Ministerios de Cultura y Asuntos Exteriores.

Mesándose el cabello, igual que lo hubiera hecho en gesto muy personal a los treinta años, contestó Fernando con voz firme y emocionada para dar las gracias a quienes asistíamos al acto, a los residentes en Uruguay, y a quienes se desplazaban desde Buenos Aires en día tan señalado. Lectores de su obra, alumnos y miembros de una brillante tertulia que él convoca y anima en el verano de Punta del Este.

No quiso reconocerse viejo sino "maduro", y miraba atrás con ironía y agradecimiento por la intensa vida que ha tenido la suerte de llevar con mucho trabajo y mucha ilusión. Reconoció que a esta edad hay que aliarse con los nietos, “puentear” a los hijos pero, sobre todo evitar compartir techo con ellos. Y en cuanto a las herencias: “¡Amigos! mejor 'post-mortem' que en vida”.

Siempre en tono irónico y socarrón terminaba su respuesta y agradecimientos recordándonos la anécdota que tenía como protagonista al poeta y periodista alemán Heinrich Heine. Tras una intensa vida como judío practicante, se convirtió al cristianismo, merced entre otras razones a la intensa labor de un viejo cura párroco de la localidad. Ya convertido, el activo sacerdote le pedía insistentemente que hiciera una declaración contundente, una crítica y manifestación pública contra Satanás a lo que Heine respondía: “Mire Padre, a estas alturas no me conviene nada crearme enemigos...".

TEMAS RELACIONADOS: