Opinión

Al Dr. Guillén, el MVP de la Traumatología

José Antonio Ruiz | Viernes 20 de septiembre de 2013
Definitivamente hay dos Españas irreconciliables, pero no en el recurrente sentido ideológico de la jerga guerracivilista. Hay una España que está a lo que tiene que estar, y otra España sesteante, que ni está ni se le espera.

Hay una España que merece la pena, de gente que se esfuerza por salir adelante; y otra España autista obsesionada con dispararse al pie, entregada al “sillon ball”, que prefiere dejar correr el grifo del tiempo mientras cría percebes en el escroto y fía su suerte a los brotes verdes de Salgado, Elena, vida mía, que tanto juego han dado al descojone y al escarnio.

Hay una España de Torquemadas, inquisidora y negra como la paleta de Goya y Gutiérrez Solana; y otra España genial, capaz de asombrar al mundo.
No creo en la España derrotada, sumida en la fatalidad, el pesimismo y la depresión, que tan pronto se mortifica, como de pronto se entrega a la euforia infundada y se crea falsas ilusiones en una suerte de espejismo patriotero desencadenante de tantas patologías.

Tampoco me reconozco en el espejo desvaído de la España sadomasoquista y psicópata, nostálgica de Calígula, de Tiberio y de la Bernarda lorquiana, que sufre alucinaciones y episodios de delírium trémens producto del síndrome de abstinencia… a la razón.

Por eso y por mucho más, hoy me niego a escribir sobre La España de las necedades: de “faisanes”, chivatos y traidores; de herederos del fascismo musoliniano, hitleriano, salazariano y franquista, dispuestos a reinventar la Delegación Nacional del Frente de Juventudes, por la vía del adoctrinamiento y la utilización infame de la infancia al servicio del régimen.

Nada en el decadente circo de la política doméstica ha merecido la pena esta semana, a juicio descarnado de este cronista, salvo el arranque de clarividencia de Corcuera, convertido en portavoz inesperado de la reserva espiritual de Occidente, haciendo a sus compañeros de partido un llamamiento a la cordura catalanoide.

Salvo la gratificante sorpresa del ex ministro de la patada en la puerta, hoy me resisto a emborronar el folio a cuenta de las ofensas contra el sentido común perpetradas por los propagandistas monclovitas tratando de justificar el injustificable rejonazo a las pensiones; me niego a hablar del botín de Rato fichando por el Santander de Botín, ajenos a la incuestionable certeza de que en el cementerio todos seremos iguales; y nada me interesa la imagen del Gran Hermano orwelliano L. Bárcenas fumándose un puro como Fidel en la trena de Soto del Real.

Hoy me la refanfinflan todas las muchas miserias inconfesables de esta España nuestra alanceada como el Toro de la Vega de Tordesillas.
Previa petición de disculpas por lo finamente que me estoy expresando, pues normalmente no soy tan mal hablado, hoy no me interesa ni el “Viva España” impostado de los contables con manguitos de Morgan Stanley usurpando el legado de Manolo Escobar; ni la enésima fantasmada del Recaudador del Reino, un tal Montoro, que no desaprovecha ninguna ocasión de callarse, asegurando que «España será capaz otra vez de asombrar al mundo muy pronto».
Sólo he encontrado cierto consuelo al saber que un grupo de científicos ha hallado en el yacimiento madrileño del Cerro de los Batallones el hueso de pene de una especie de oso prehistórico que vivió hace nueve millones de años, y que espero que contribuya a devolver a la Tierra a tanto fantasma como anda suelto presumiendo de tener el “báculo” más largo que el puente colgante de Brooklyn.

Reconforta pensar que todavía queda un hilo de esperanza si resulta ser cierta la predicción del equipo de astrobiólogos de la Universidad británica de Anglia, según la cual la Tierra seguirá siendo habitable cuando menos otros 1.750 millones de años.

Si aún no está todo definitivamente perdido, es porque todavía hay personas que están a lo que tienen que estar, como el doctor Guillén, de nombre Pedro, como el alcalde perpetuo de Zalamea.

Pongamos que hablo de un fuera de serie como persona, que además es una eminencia mundial en medicina traumatológica y deportiva, pionero en la introducción de técnicas quirúrgicas a sus 75 primaveras, que maneja el bisturí como si fuera un florete y entiende más que nadie de meniscos, cartílagos, células madre y la madre que las parió; pero que no se tira el moco.

Lo que va de la España traumatizada, a la España traumatológica; de la Villa y Corte de villanos, trepas, chaperos y mamporreros del poder…, al remanso familiar de Villa Osteona; de la vaguería de los oportunistas, a la pasión vocacional por el trabajo bien hecho.
Frente a la España atolondrada que se despeña por el desfiladero del resentimiento y la mediocridad…, la España de la dedicación y del amor por uno de los oficios más hermosos del mundo como el de médico.

Esta semana,el doctor Guillén ha conseguido un nuevo hito: conectar a trescientas universidades y hospitales de los cinco continentes para compartir con sus colegas y con los estudiantes una intervención quirúrgica made in CEMTRO, 2 en 1: artroscopia sin cables e implante autólogo de condrocitos.
El doctor Guillén ha cambiado la vara de Esculapio por la Google Glass. Pero estoy convencido de que igualmente hubiera llegado tan lejos como lo ha hecho aunque hubiese utilizado el instrumental quirúrgico de Abulcasis, convertido en reliquia objeto de veneración.

Bienvenidas sean las innovaciones tecnológicas, faltaría más -¡olé los cojones de Alierta y Monzón!-. Pero no vayamos a incurrir en el maximalismo de atribuir todo el mérito a unos artilugios que serían simple cacharrería sofisticada sin el concurso del talento y las manos prodigiosas del galeno. ¿Revolución? Sí, pero del conocimiento.

Pedro no entiende de música más allá de los compases de la jota murciana versionada por la rondalla de la pedanía archenera de su Algaída natal; pero es el mejor especialista de la pelota terráquea en esta cosa que ha bautizado con el palabro de “Genufonía”, porque sabe escuchar como nadie el sonido de las rodillas, como Robert Redford en The Horse Whisperer (El hombre que susurraba a los caballos).

Su “Meniscoteca” debiera ser declarada Patrimonio Nacional antes de que este simulacro de nación, incapaz de reconciliarse consigo misma, se vaya a tomar por el saco y salte en mil pedazos a costa de la «catalanización de España» y la «españolización de Cataluña».

A su “hermano” José María García, el mayor crack que ha conocido la historia del reporterismo español, se le cae la baba cuando habla de él; a Raúl del Pozo, el mejor escribidor del Reino, le sucede tres cuartos algo parecido; y no digamos a Luis Aragonés, Sabio de Hortaleza y acreditado “sexador” de pollos, que no se casa con nadie pero que con Pedro haría una excepción si su “bendita” no tuviera inconveniente de acceder al trío.

Querido Dr. Guillén, The Most Valuable Player: antes de que se me adelanten los susodichos con los churros de la tertulia matutina del sábado, te escribo esta carta de admiración y reconocimiento, que me está quedando cursi de cojones, pero «muy honda y sentía», como diría La Faraona, que como tantos otros volvió a subirse a los tablaos después de pasar por tu ITV.

Nada importa si algunas de las eminencias del jurado del Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica perseveran en la dureza de su mollera y no caen en la cuenta de la relevancia internacional de tu trayectoria. Lo mismo necesitan someterse a una terapia celular.

Me sé de uno, de nombre también Pedro y de apellido Jiménez López, que allí donde anda está tan orgulloso de su pupilo, que te concedería el Nobel si de él dependiera.

A Pili, Pilar, Isabel y Marta, que son tu tesoro más valioso y el verdadero secreto de tu éxito, querido jefe.