Los Lunes de El Imparcial

Jacques Derrida: Artes de lo visible (1979-2004)

RESEÑA

Domingo 22 de septiembre de 2013
Jacques Derrida: Artes de lo visible (1979-2004). Edición de Ginette Michaud, Joana Masó y Javier Bassas Vila. Traducción de Joana Masó y Javier Bassas Vila. Ellago. Castellón de la Plasna. 2013. 424 páginas. 25 €

Artes de lo visible reúne diferentes textos de Jacques Derrida, entrevistas al filósofo y otras reflexiones que nos invitan a consolidar la comprensión de la relación que existe entre la deconstrucción y el arte. La idea de diferencia queda directamente relacionada en la obra con la idea de belleza que está presente en el arte, como algo deseable pero en definitiva inaccesible, algo que nos llama pero al mismo tiempo me dice que es imposible e inalcanzable. Por ello, en este sentido, Derrida afirma que la obra de arte no puede ser consumida.

El arte debe invitarnos a entender la idea de la deconstrucción como un ejercicio de desmontar la realidad, pero evitando relacionarlo exclusivamente con un elemento negativo de destrucción. Es necesario encontrar en la deconstrucción algo afirmativo. Derrida afirma en Artes de lo visible que el arte requiere “una base sin fondo, una arquitectura a la vez deconstructiva y afirmativa”. Esto puede causar vértigo, pero no nos lleva al vacío abismal, en la deconstrucción existe un hiato: las obras de arte apuntan un lugar afirmativo, que no es nombrado ni se puede nombrar. Derrida defiende en los textos que recopila esta obra la idea de que la deconstrucción es la condición de la construcción de ese lugar afirmativo que persigue el arte y que se inventa en las obras. Para crear algo, expone el filósofo, para llegar a un “constructum” es necesario que los cimientos se cuestionen. Si por el contrario éstos están absolutamente claros y seguros, ahí no hay construcción ni invención posible.

El arte posee un elemento fundamentalmente filosófico, pues las obras poseen un lenguaje universal e inteligible más allá de las leguas particulares. Pero además es que en la filosofía occidental, los discursos y la cultura en general están dominados por un logos que es en definitiva visual. Es constante y permanente en todas las reflexiones filosóficas a lo largo de la historia de la Filosofía la referencia metafórica a lo visual. Desde el “Eidos” platónico hasta la “Intuición” husserliana, comprobamos la permanencia del valor de lo visual en relación con la evidencia y la claridad del saber. El “ver” además nos exige distancia, y de este modo la cosa no queda afectada. El contemplar el arte, del mismo modo que el saber, la ciencia y la pintura, dejan a la cosa ser lo que ella es, no se la apropian ni la deforman.

Derrida nos explica cómo a través del dibujo, del trazo de define el límite entre espacios, tiempos, colores, figuras…esto es un ejemplo de la experiencia directa de la diferencia. La visibilidad en definitiva es el problema de la relación entre las luces y los objetos, entre el espacio público y el privado.

Ésta obra nos expone de un modo apasionante cómo las consecuencias de todo esto se manifiestan también en la vida práctica, en el campo político son enormes, pues ahí donde hay trazo, hay un elemento presente y distante al mismo tiempo. El límite que representa el trazo se presenta como “singular principio de resistencia a lo político tal y como se determina desde Platón, desde el concepto griego de democracia hasta las Luces. Algo resiste ahí por sí solo, sin que se deba organizar una resistencia con partidos políticos. Ello resiste a la politización, pero como toda resistencia a una politización, también es una fuerza de repolitización, un desplazamiento de lo político”.

Por María Esperanza Paredes Aparicio