Opinión

Mas, no mientas más o la necesidad de recatalanizar a Cataluña

Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 23 de septiembre de 2013
No pasa día sin que el Presidente de la Generalidad de Cataluña no sorprenda a propios y extraños, con alguna salida de pata de banco, que cuesta trabajo imaginar que él mismo llegue a creérselas. Pero no se puede esperar otra cosa de ese vértigo de su huida hacia adelante, desesperada y desbocada, en que se ha sumido voluntariamente para dar gusto a los sectores más radicales de su partido y a sus aliados de ERC, de los que se ha convertido en rehén. Al tiempo intenta asustar –me da la impresión que inútilmente- al Gobierno del Estado, que contempla sus cotidianas maniobras, supongo que, en parte, sin dar crédito a esas exaltadas piruetas y, en parte, dando por supuesto que, más bien antes que después, el arrebatado conductor se va a dar, de hoz y coz, contra el todavía poderoso muro de la Constitución y de las Leyes.

La penúltima machada ha sido esa afirmación de que esa Cataluña independiente que propicia conservará el euro como moneda, pese a quien pese porque él así lo ha decidido. Y lo dice en un momento en que varios comisarios europeos y algún portavoz de la Comisión, han insistido –alguno incluso se ha molestado en venir a España para reiterarlo- en que una Cataluña independizada, como cualquier otra región de un Estado miembro en la misma situación, quedaría automáticamente fuera de la Unión Europea. Mas no se arredra ante lo que, con mucha probabilidad, es una posición concertada del ejecutivo de la Unión, que trata, suavemente, de hacer entrar en razón a los secesionistas catalanes. Pero éstos, como el baturro del cuento –algo les queda de su secular pertenencia a la Corona de Aragón- parecen dispuestos a no ceder carril al tren que se les puede llevar por delante.

¿Puede una Cataluña excluida de la UE conservar el euro? Sí, como muestran los casos de Kosovo y Montenegro y los miniestados europeos. Eso es usar el euro sin ser del euro.Además, el precio sería muy alto, no solo porque no pertenecería a la eurozona ni al BCE y no participaría, por lo tanto, en sus órganos de decisión, sino por la inevitable inflación que azotaría a una Cataluña independiente, incapaz de devaluar una moneda que no sería suya. Por otra parte, el BCE prepara un informe que implica echar por tierra esos descabellados planes de Mas, ya que advierte que los bancos de la Cataluña independiente (¿quedaría alguno?)no tendrían acceso a los mecanismos de distribución de billetes.

Al final, el propósito de seguir en la UE por la puerta de atrás, se vendría abajo como se desmoronó el intento argentino de dolarizar su economía. Esto Mas debe saberlo y, por lo tanto, está engañando miserablemente a sus conciudadanos, con lo que solo se puede calificar como una enorme estafa política. Y si no lo sabe, habrá que considerarle como el caso más patente y actual del principio de Peter, que hace referencia a cómo ciertos dirigentes alcanzan su nivel de incompetencia. De la última machada de Junqueras y su idea de la doble nacionalidad, mejor ni hablar. Sólo demuestra que esta gente ha perdido gravemente cualquier atisbo de sentido común. ¿Cómo les aguantan los catalanes?

Aquí hemos hablado alguna vez de la inevitable tendencia totalitaria de los nacionalismos excluyentes. Es una idea por la que no hay que exigir derechos de autor, porque está en todo los pensadores que se han ocupado de esta cuestión, desde HannaArendt a Jean François Revel, por citar solo dos nombres bien conocidos. Pues bien, Mas y sus socios y aliados están empeñados en darnos la razón un día sí y otro también a los que así pensamos. Ahí está, para quien tuviera alguna duda, ese programa de adoctrinamiento de los niños catalanes en las excelencias del nacionalismo separatista, que produce náuseas a cualquier persona sensible y que tiene inocultables aromas de los peores totalitarismos del siglo XX. Todo un horror.

Ante esta situación, no creo que sea aceptable la bienintencionada pero mal enfocada propuesta de “catalanizar España”, porque nuestro país es, precisamente, la secular convergencia de todas sus regiones, incluida Cataluña, cuyas aportaciones al conjunto nacional son, sin ninguna duda, sobresalientes, pero nunca exclusivas. Esas eran, aproximadamente, hace ahora un siglo, las ideas de Francesc Cambó cuando adoptaba como lema Per Catalunya i l’Espanya gran y lo explicaba diciendo que “Cataluña debe participar en todo el esfuerzo, en toda la responsabilidad del gobierno de España”. Pero Cambó nunca tuvo veleidades secesionistas según explicó años más tarde: “Como yo era un hombre fuerte nunca caí en la debilidad separatista”. ¿Dónde están ahora los hombres fuertes de Cataluña?

A algunos no les gustaba esa actitud de Cambó que combinaba natural e inteligentemente el amor a Cataluña y a España. Es muy conocida la tarascada de D. Niceto Alcalá Zamora, que habría de ser Presidente de la II República, que en el Congreso de los Diputados, el 10 de diciembre de 1918, dijo aquello de “no se puede ser a la vez Bolívar en Cataluña y Bismarck en España”.

Sería inútil desconocer que, en estos tiempos nuestros, se vive una clara situación de desafecto entre Cataluña y el resto de España. Pero esto no ha sido siempre así. En mi infancia y mi juventud –y creo que es el caso de quienes pertenecen a mi generación- yo oía hablar siempre de Cataluña con admiración y respeto, porque se la consideraba un ejemplo de tolerancia, laboriosidad, fidelidad a las propias tradiciones sin exabruptos intempestivos. Era una referencia desde muchos puntos de vista y yo he tenido la oportunidad de vivir y trabajar con una Cataluña que era la capital editorial de España y un faro cultural reconocido e indispensable.

Quienes conocimos aquella Cataluña la echamos de menos y no la reconocemos en esta otra Cataluña oficial –los ciudadanos catalanes me merecen al máximo respeto y sólo lamento que se les utilice tan abusivamente- que practica el sectarismo más bochornoso, que impone autoritariamente la verdad oficial, su pensamiento único, y persigue sin desmayo y sin complejos a quienes se atreven a desafiar el dogma de la nación inventada. Es lamentable que, en estos últimos años, se haya estado trabajando, desde las instancias oficiales catalanas, para que Cataluña deje ser la sociedad liberal y tolerante en la que el seny era tan natural y espontáneo como el respirar.

A ese pensamiento responde la idea de “recatalanizar a Cataluña” que figura en el título de este artículo. Cataluña no tiene que dejar de ser ella misma sino recuperar todo ese acervo de su pasado que la convirtió en un indiscutible y ejemplar modelo. La vía que han emprendido Mas y sus socios y aliados, no tiene recorrido y sólo producirá frustración y más desencanto. Cataluña tiene que parar de una vez el desmantelamiento –solapado primero, descarado después- del sistema constitucional que ha dado a España, incluida Cataluña, el más alto nivel de libertad y prosperidad de su historia.Solo olvidando el aventurerismo secesionista Cataluña volverá a ser ella misma. Pero quienes ahora la dirigen tan pésimamente no están a la altura. Son el mayor obstáculo y se han quemado para cualquier noble empresa con futuro.

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