José Antonio Ruiz | Viernes 27 de septiembre de 2013
Desconozco quién ha sido la lumbrera que ha incluido en el parte médico un párrafo que dice que su Majestad ya «deambula» por la habitación. Merecería que alguien postulase su candidatura como académico de la R.A.E., puesdifícilmente se puede encontrar una prosa más descriptiva para radiografiar el estado catatónico del país que la imagen figurada del Monarca bamboleándose como un trono de Semana Santa. Bromas aparte, ¡Larga vida al Borbón!
España lleva tiempo meciéndose como una muñeca de Famosa, haciendo eses con la pelvis como si estuviera bailando la lambada, y dándose coscorrones contra las paredes de la razón, sin quererse dar cuenta de los factores de riesgo. Al paso trastabillado que lleva, un día de estos, el menos pensado, de tantos tumbos a diestra y siniestra, se acabará dando un hostión de mil pares y no viviremos ni para contarlo.
Debate de política general en el Par-lamento de Catalonia. Los jetas de la barretina embutida hasta el tope de las orejas, un año más han escenificado por septiembre la charlotada del Bombero torero. «Catalunya siente afecto por España pero ya no confía en el Estado», dice, sentencioso, Arturito el Perdonavidas.
Al menda, según parece le dio un mal aire el otro día cuando se asomó al balcón del Palacio de la Generalidad para atusarse el tupé, y se ha quedado así para toda la vida, con la cara petrificada como una gárgola de la fachada gótica, recitando para sus adentros el soliloquio calderoniano de La vida es sueño. ¡Ay mísero de mí…!
Algunos caudillos de nuevo cuño son tan miserables, que en lugar de cambiar su reino por un caballo, como el Ricardo III shakespeariano descabalgado y abatido en pleno campo de batalla de Bosworth, están dispuestos a cambiarlo por un simple plato de lentejas, como el patriarca Jacob la primogenitura de su hermano Esaú.
Al lado de Mas, Ibarretxe pasará a la Historia como un estadista inclusive entrañable, que cuando se embarcaba en la nave de Star Trek y se ponía los leotardos del señor Spock (que ahora ha vuelto a poner de moda Cristina Fernández de Kirchner), sufría episodios espasmódicos de enajenación política transitoria. A diferencia del delfín de Pujol, Juanjosé, al menos tuvo la decencia democrática de presentarse en el Congreso a calzón quitado, como Superman, gritar ¡Viva Cartagena! y volverse a Bilbao con el rabo entre las piernas.
¡Cómo hemos degenerado! Hemos pasado del mito de Camelot, al reino unicejo del Camelo. Para la iconografía popular, Arthur of Britain viene a ser un compendio de virtudes como el honor, la lealtad y la inteligencia. Ahora, este Emperadorcito del Paralelo se cree la reencarnación del profeta Ezequiel, el Visionario.
Mas se ha rodeado de una corte a la altura de su mediocridad: a falta de un mago sabio como Merlín, tiene de valido a un tal Homs, que no pasa la nota mínima de corte; y en lugar de sentar en torno a su Mesa Redonda a apuestos caballeros, prefiere la compañía de obsequiosos siervos, que babosean sobre la estelada cubana cada vez que alguien osa pronunciar el nombre en vano de Espanya en alguna reunión del Consejo de Transición Nacional, trasunto anacrónico del viejo Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética.
Nada me extraña que una franquicia rusa del sexo oral ande buscando sede en España, donde las felaciones políticas están a la orden del día y de la noche.
Ajeno al sentido del ridículo, el incauto vuelve a amenazar con adelantar las elecciones y convertirlas en un plebiscito si el Estado español no le permite la dichosa consulta de los cojones.
Pensar que Arturo lo único que pretende es encontrar la excusa perfecta para quitarse de en medio y desaparecer de la bola terráquea, es sobrevalorar al personaje dando por hecho que estamos en presencia de un individuo inteligente, lo cual lo mismo es mucho pensar.
Para mí que se ha ido metiendo él sólo en un lío de consecuencias impredecibles; que llegado el momento, se le ha ido la broma de las manos; y que ahora, con la picha hecha un lío, sencillamente se cree Napoleón Bonaparte.
Llegado a un punto de no retorno, como el Coyote de Correcaminos Arturo amenaza con quemarse a lo bonzo, políticamente hablando; pero para mí que como no nos andemos con tiento, acaba llevándonos a todos por delante, abducido por el verdadero President, Junqueras, otro iluminado de manual que también quiere ser la princesa de su propio cuento.
Que el mondo lirondo apele ahora a los «vínculos emocionales con España» para reclamar el derecho de los catalanes, una vez independizados, a tener la doble nacionalidad y de seguir haciendo uso del euro -¡la pela es la pela!-, es como para mear y no echar gota en los urinarios privatizados de la estación de Atocha.
Bien está que dispensen a sus respectivos electorados trato de gilis; pero que nos traten a los que no ejercemos el derecho al voto de gilipollas, es como para hacérsela mirar con una lupa de aumento, mayormente a fin de asegurar que se la encuentra.
Lo bueno de todos estos sujetos tan primarios, que viven en tan candoroso estado, es que se les ve venir, porque andan siempre en pelotas, dialécticamente hablando, como Miley Cyrus, pero en feo. Álex de la Iglesia debiera de haberles ofrecido a todos los ilustres miembros del aquelarre autodeterminista aunque hubiese sido un papelito en «Las brujas de Zugarramurdi», aunque no tienen categoría ni para actuar como figurantes zombis en «The Walking Dead».
O estos escamots de moqueta y coche oficial andan faltos de conexiones neuronales, o son unos inconscientes y no reparan en el daño que están infringiendo a la salud mental del país, pues una vez desatada la esquizofrenia de la intolerancia, las consecuencias serán impredecibles y no habrá manera de devolver las aguas al cauce de la cordura.
Por eso el abajo firmante, por una vez y sin que sirva de precedente se identifica con Felipe cuando alerta acerca de la fractura política y sobre todo social que está provocando los pecados por exceso de Mas, los pecados de omisión de Mariano, y el empeño obsesivo por auto inmolarse del rebaño votante.
No tiene este cronista tan claro como Minc, el ensayista francés, que «los catalanes son demasiado inteligentes como para independizarse»; aunque entiendo el cumplido siendo como es Alain presidente de Sanef, la filial francesa de Abertis, y consejero de CaixaBank.
Mucho más difícil de entender es la esquizofrenia permanece en la que vive instalado el PSC y el PSOE, cuyos dirigentes siguen turbados dentro de su particular empanada. Pere Navarro ha pasado de exigir la abdicación del Rey a proponerle como mediador entre Cataluña y España y a secundar la votación pro derecho a decidir. Y Elena Valenciano, en lugar de acudir presta a sofocar el enésimo incendio, va y dice que el PSOE estaría dispuesto a debatir sobre el derecho a decidir, aunque votaría en contra. La última sensación gastronómica: sentarse a la mesa con extraños: una nueva capullada entre lo cool y lo snob.
Mientras Bill Gates tiene las agallas suficientes para reconocer que la secuencia “Crtl+Alt+Supr” fue un error, Arturo, Junqueras & Cía perseveran en su necedad. Para chulo, mi culo.
Caderas, lo que se dice caderas, dicen que no hay otras como las de Beyoncé; aunque este cronista becerro, que ya va teniendo sus años como para frecuentar el cine en blanco y negro, siga prefiriendo las de Anita Ekberg en La dolce vita de Fellini, donde la irrepetible sueca, de nombre Sylvia, puso como un verraco a Marcello Mastroiani con su glorioso baño nocturno en la Fontana de Trevi.
TEMAS RELACIONADOS: