Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 30 de septiembre de 2013
El país más importante de la Unión Europea, el que ha podido y sabido capear la crisis económica mejor que los demás y el que ha contribuido más decisivamente a salvar la cara a Grecia –el más grave caso de todos- y a algunos otros, se encuentra ahora sumido en una absurda crisis política, después de una elecciones en las que, su indiscutible ganadora, la canciller Merkel, ha conseguido el más brillante triunfo desde la época inicial de la RFA, con Adenauer, pero le faltan cinco escaños para la mayoría absoluta, lo que la obliga a un difícil y complicado pacto. ¿Tiene lógica esta situación? Se dirá que son las exigencias de la aritmética parlamentaria, pero también es posible mantener que el parlamentarismo europeo necesita una reforma profunda que evite este disparate, que desafía cualquier análisis racional: ¿Cómo es posible que tenga dificultades para formar gobierno un partido o coalición –CDU-CSU- que ha obtenido el 42 % del voto emitido y cuyo seguidor, el SPD, se ha quedado en un alejado 26%, esto es 16 puntos menos?
Los politólogos estiman que cuando el segundo partido está a más de 10 puntos de diferencia del primero, no se le puede considerar alternativa. Salvo una solución a la española –más exactamente catalano-baleárica- que consistiría en hacer un revoltijo con todos los demás para formar una mayoría alternativa al claro ganador. Algo que Duverger denominaba “democracia sin el pueblo”, porque cumple las formalidades parlamentarias pero supone una estafa al electorado. Una salida, muy poco probable en Alemania, que no tiene tradición de semejantes enjuagues, aunque alguien, algún “sandío”, ya la haya suscitado por allí. El SPD, que es un partido serio, ya ha mostrado su voluntad de negociar, con condiciones, una nueva “gran coalición” con la CDU-CSU, aunque la última experiencia, la que se inició en 2005, le fue muy dañosa como partido; se entiende que esta decisión, haya producido la dimisión de su líder Steinbrück, que fue ministro con Merkel, y probó las dificultades de la cohabitación con la poderosa canciller. Es evidente que los socialdemócratas alemanes tiene una clara idea de los intereses generales del país, a diferencia de lo que ocurre en otras latitudes, más al sur.
Pero hay otra lección importante y positiva que se deduce de las elecciones alemanas y es que su sabio electorado ha dado un golpe de gracia, casi decisivo, a los pequeños partidos que tan caro suelen vender el apoyo que prestan a los grandes vencedores. La desaparición del Bundestag de los liberales de FDP es un hecho histórico pues, casi siempre por los pelos, habían logrado superar, en todas las elecciones, la barrera del 5%, que es la exigible para entrar en esa Cámara. Posiblemente, habrían sido los socios preferidos por Merkel, a falta de una mayoría absoluta. Hace tres meses me decían en Berlín que incluso sería imaginable que en ciertos sectores de la CDU, circulara la consigna secreta, de apoyar con el segundo voto al partido de los liberales. Los alemanes tienen dos votos en la misma papeleta: el primero es para un candidato individual de distrito y el segundo es para una lista de partido a nivel de cada Land. Parece evidente que o no ha habido consigna o no ha sido seguida.
Pero, aparte de los liberales, tampoco ha logrado escaños –por una décimas- un nuevo partido antieuropeo y antieuro, “Alternativa para Alemania”. Supongo que es una buena noticia para Merkel porque la permitirá combinar su política de control del gasto público (la famosa austeridad) con su papel de líder indiscutible en la UE y, despejado, como esperamos, el horizonte nacional, permita que se ocupe de impulsar las políticas europeas, incluida la unión fiscal y bancaria, pasos necesarios para una unión política sin la cual la UE –y todos nosotros- no pintaremos nada en el presente panorama internacional. ¿Una Europa “alemana”? No, exactamente, pero un poco sí porque, además de ser el país más rico y con más población de la UE, es en el que se han hecho menos tonterías en lo que llevamos de siglo. Aquí tuvimos un Zapatero, allí hubo un canciller Schröder, socialdemócrata, que inició algunas de las reformas que después continuó Merkel. Otro partido que ha sufrido un buen palo ha sido el de los Verdes, que se ha quedado en un modesto 8% y que, después de la etapa brillante que tuvo con Fischer, ha vuelto a sus manías ecolo-pacifistas, pasadas de moda, dadas las políticas aplicadas por Merkel.
En Italia acabamos de presenciar un nuevo episodio de comedia de enredo, a cargo, como podía esperarse, de Berlusconi, que trata de impedir por todos los medios que el Senado vote su expulsión, después de una sentencia que le inhabilita, además de que el próximo día 15 deberá comenzar una pena de un año de prisión, benignamente convertida en arresto domiciliario. Como se temía, il Cavaliere –cuya caballerosidad no se ha visto nunca por ninguna parte- ha decidido retirar su apoyo al gobierno de Letta –que está haciendo un buen trabajo, dada su heterogénea composición- y ha presionado malamente a los cinco ministros de su partido para que dimitan. La buena noticia es que dos de esos cinco se han negado a seguir las presiones de Berlusconi y parece que en su partido podría producirse una escisión. Nada sería en estos momentos peor para Italia y para el conjunto de la UE, que una crisis en Italia, por culpa de un Berlusconi que nunca supo lo que eran los intereses generales de su país y, menos aún, los europeos.
Como se ve, la estabilidad y la sensatez no son cuestión de ideologías pues en Italia –a diferencia de otros países, como Alemania o España- quienes trabajan por ellas son Letta, un hombre de izquierdas, y el Presidente Napolitano, que tiene el mismo origen. Italia no ha reconstruido plenamente, todavía, su sistema de partidos, después de que al viejo se lo llevara por delante, hace veinte años, la crisis de corrupción que se llamó la Tangentopolis. Allí hace falta en Italia un partido serio de centro-derecha y necesita, también, que la multitud de pequeños partidos desaparezcan o se fusionen con los que son auténticas alternativas de gobierno. No se pueden reeditar los penosos tiempos del pentapartito, que tanto daño hicieron a Italia.
En España, tenemos asegurada la estabilidad por la mayoría absoluta del PP, aunque nuestra prima de riesgo ya ha sufrido las consecuencias de la berlusconiana situación italiana. La verdad es que, aquí, lo demás, da pena. Mientras los secesionistas catalanes bailan la sardana de la emancipación (por nuevo vocabulario que no quede) y los peneuvistas se animan a acompañarles con el chistu, los socialistas siguen tocando el violón, sin que puedan evitar que se les note un desafinado nerviosismo ante la perspectiva de que el Gobierno acierte y 2014 sea el año de la recuperación. También tiene esta gente una peculiar idea –si es que tiene alguna- de lo que son los intereses generales. Pero eso no es novedad, En vez de inspirarse en las actitudes de un Letta o de un Gabriel, líder del SPD alemán, lo que les tira son los modelos caribeños y su perenne lema: “Cuanto peor, mejor”. De ahí que cualquier atisbo de mejoría económica les haga perder los papeles… Y hasta la vergüenza. Escuchar a Rubalcaba produce sonrojo. Y cuando los que hablan son los tres o cuatro de su inmediato entorno es para salir corriendo.
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