Santiago López Castillo | Martes 01 de octubre de 2013
La jauría -nada más conocerse la nueva operación de cadera- se tiró a degüello contra Don Juan Carlos con una inquina que jamás la usarían las fieras hambrientas. Bueno, ya venían calentando motores con la gaita de la tercera república y la abdicación para echar al monarca por donde se fue su abuelo, que, en cristiano, es a tomar por donde amargan los pepinos y se pudren los melones. Y dale con el plebiscito, el referéndum, derecho a decidir, etc. El democrático modo en que llegaron al poder los partidos comunistas y socialistas allá por el basto mundo. Loor y honor a la izquierda, sin desmerecer su lucha y logros por el bien común, que, cierto, no es exclusividad de otros.
Como animalista que soy, critiqué las cacerías de elefantes, osos pardos, etc., y está en las hemerotecas mi columna en “Cambio 16” “El cazador cazado”. La crítica debe ser constructiva pero no la mala saña o mala leche. La Izquierda hundida se está radicalizando a marchas forzadas, le siguen tras el pelotón los nacionalismos, uno tras otro, más el Rubalcaba ambiguo e impreciso con ese tic que registra la mentira a una velocidad de doscientos parpadeos por segundo. Salvo el Partido Popular, aquí todo el mundo quiere reformar la Constitución para, lisa y llanamente, romper España. En el exterior, el debilitamiento de la nación hace que se froten las manos.
Venía a decir con ello que S. M. el Rey merece un respeto pese a hechos supuestamente reprobables y pese a los postulados de las distintas formaciones políticas. Son muchas las vejaciones -y viene de lejos, recuérdese lo de la Casa de Juntas de Guernica- que la Corona ha tenido que padecer, sin mover un músculo, porque jueces y magistrados miraban al tendido con la manida justificación de “la libertad de expresión”. ¿Tan pronto se les ha olvidado a los radicales el intento de golpe de Estado del 23-F, cuando usted hacía la transmisión para TVE? El último periodista en salir aquella noche del Congreso de los Diputados. Carrillo, honoris causa, no lo haría actualmente, ¿o fue una estrategia? Y numerosas acciones que debemos de agradecer a esta monarquía que, pese a sus pesares, ha sido la gran embajadora de España. Y eso que Don Juan Carlos mostró su afabilidad hacia los partidos de izquierda tratando de legitimar la Institución.
En mi relación con Don Juan Carlos aporto un documento histórico: la primera vez que el entonces Príncipe asumía la Jefatura del Estado al caer gravemente enfermo Francisco Franco (18 de julio de 1974).
Para los que hemos vivido episodios como los referidos, y más, no nos queda en estos momentos que gritar: “¡Viva España!, ¡Viva el Rey!” (y no soy Carme Chacón).
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