Opinión

Dilma Rousseff contra la Red

Viernes 04 de octubre de 2013
Internet ha sido, sin duda, una de las grandes revoluciones de los últimos tiempos que ha afectado a todos los ámbitos tanto privados como colectivos y a los campos personales y profesionales. Pero no es ni blanco ni negro de manera tajante. Se equivocan, pues, quienes lo demonizan y quienes lo han convertido en una suerte de dios ante el que hay que postrarse, estando claro que es un instrumento prácticamente imprescindible en el día a día de la sociedad actual.

El presunto espionaje electrónico realizado por Estados Unidos, filtrado por Edward Snowden, ha puesto sobre el tapete la polémica cuestión de si debe haber una regularización de la Red. Esta semana, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, ha entrado a saco en el asunto con un duro discurso. La señora Rousseff ha mostrado su indignación por el espionaje hacia su país y, según ha dicho, hacia ella misma, manifestando que “las cosas no pueden seguir como están” y que “se necesita una respuesta política a un acto que violó nuestra soberanía”.

La respuesta planeada por la presidenta brasileña es obligar a las firmas de Internet a alojar los datos de los usuarios en servidores dentro de Brasil, a la vez que ha pedido la creación de mecanismos para regular Internet. Naturalmente, el que la propuesta haya sido rechazada de plano por las grandes empresas de la Red, resulta lógico. Pero la cuestión no se ha quedado ahí, pues varios expertos han advertido que eso no solucionaría nada: habría réplicas de los datos en otros servidores en el extranjero y tenerlos localizados en un único país aumentaría su vulnerabilidad a ataques cibernéticos. Además, inhibiría futuras inversiones en un mercado emergente.

La regulación de Internet es un asunto complejo. Es muy cierto que la Red no puede convertirse en un territorio salvaje donde campen a sus anchas no ya solo el espionaje sino repulsivos delitos como la pornografía infantil, o se muevan por ella delincuentes que se aprovechan de la opacidad del ciberespacio para planear sus fechorías. Sin embargo, no hay que olvidar que, aparte de que sea difícil poner puertas al campo, entra en juego la libertad de expresión en una delgada línea entre la regulación y la censura. Resulta curioso -y obviamente significativo- que países como Rusia y China sean los que más abogan por la regulación de Internet, ahora propuesta por Dilma Rousseff. De hecho, el gigante asiático ya “regula” muchas páginas que juzga contrarias a sus intereses.

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