Uno observa durante un rato a Mark Mazzetti y cae en la cuenta de que no se le escapa nada, que su mirada experta escruta cuanto pasa a su alrededor. Quizás por eso, por deformación profesional y por ser el corresponsal de seguridad nacional para el New York Times, se haya embarcado una espinosa empresa: destripar a la agencia de inteligencia más poderosa del planeta, la omnipresente y siempre opaca CIA, y plasmar sus más íntimos secretos en un libro, 'La guerra en las sombras'.
¿Hasta qué punto cree que las actividades de la CIA, especialmente las clandestinas, han minado la imagen que el mundo tiene de Estados Unidos?Sin duda, todo lo que los servicios militares y de espionaje estadounidenses hacen fuera de nuestras fronteras repercute directamente en la visión que el mundo tiene de mi país. El incremento en la cantidad de operaciones que la CIA y otras agencias han llevado a cabo en diferentes partes del planeta ha generado mucho resentimiento.
Con esto no me refiero solamente a las guerras públicas, como hayan podido ser Afganistán o Irak, sino también a campañas más secretas que se han dado en Yemen o Paquistán. En este último caso, el uso de drones ha provocado un auge terrible del antiamericanismo.
La CIA ha infringido en numerosas ocasiones la legislación internacional y la de diversos países, como Paquistán, Yemen o Irán. ¿Dónde cree usted que está el límite entre mantener la seguridad e infringir la ley?La CIA está autorizada, según la legislación de Estados Unidos, a operar de manera ilegal en el extranjero con el objetivo de espiar. Se podría decir que cuentan con un mandato presidencial para ello. Esto, lógicamente, les provee de un margen muy amplio. Dentro de la CIA se espera que se rompan las reglas fuera de nuestras fronteras mientras el objeto sea susceptible de ser investigado criminalmente.
El problema llega cuando lo que se rompen son leyes internacionales en referencia a la guerra. Aquí es donde la legalidad de los drones, por ejemplo, queda muy en entredicho. Hay un creciente criticismo en Naciones Unidas en este sentido.
Lo cierto es que muchas veces parece que para el Gobierno de Estados Unidos es más fácil eliminar un objetivo que detenerlo y llevarlo ante un tribunal. ¿Hasta qué punto el uso de drones ha cambiado la estrategia operativa y militar de la CIA?Le han dado una manera a Estados Unidos de continuar con su estrategia de seguridad tras el periodo Bush y ahora con Obama. Tras los ataques del 11 de septiembre, la CIA obtuvo permiso para viajar por el mundo matando a sospechosos de terrorismo, pero en sus primeros años estaba más enfocada a capturar a sus objetivos e interrogarlos.
Sin embargo, la controversia por la aplicación de torturas provocó un cambio en la línea de actuación en pos de la neutralización de objetivos, y en este sentido los drones son la herramienta perfecta. Si uno se detiene en los cinco años de Obama como presidente, se pueden contar con los dedos de una mano los líderes terroristas detenidos, mientras que se cuentan por centenares los que han sido asesinados en operaciones.
La posición oficial de nuestro Gobierno es que sólo se mata cuando se considera que es imposible capturar al objetivo, pero no está claro si esa decisión se toma con el análisis suficiente. Mi sospecha es que en Paquistán se ha tomado como norma habitual que la gente no puede ser detenida, especialmente en las zonas montañosas del oeste.
Tras los años más críticos en Afganistán e Irak, ¿cuáles son ahora los objetivos prioritarios para la CIA?Cada vez se oye menos de los problemas que supone el terrorismo en Paquistán y más en Yemen o en los países del norte de África, que son las nuevas áreas de inestabilidad. Por otro lado, Mali, Libia o Nigeria siguen siendo incógnitas.
La gran duda es si estos grupos son un problema local que deben ser abordados con medidas locales o, por el contrario, constituyen un problema más grande en el que Estados Unidos debe intervenir. Este debate no está resuelto y hay grupos dentro del Gobierno de Obama preocupados por intervenir en demasiados focos por el riesgo que pueden suponer las consecuencias.
Sin embargo, ese mismo debate se dio a finales de los años 80 y principios de los 90. La excesiva confianza de Occidente respecto a los grupos islamistas en Somalia y en Yemen desembocó en la creación de Al Qaeda...En aquella etapa, había alguna gente en la CIA preocupada por el auge de Al Qaeda, pero vieron que no tenían ni los medios ni la autorización para poder atajar el problema deteniendo o matando a los líderes radicales. Hoy en día, sí tienen el visto bueno y la tecnología para afrontar cualquier situación en esa región del planeta.
Creo que la verdadera cuestión es que estos grupos están muy diseminados y, como en el caso de Al Shabaab, que está alineado con Al Qaeda, está por ver si acabarán poniendo en marcha una agenda coordinada. Hay que esperar y ver si es sólo un problema local o algo más.
¿La imagen que tiene el público en general es acertada o está muy distorsionada por la que nos muestran las series de televisión, las películas o las novelas de espías?La CIA hace un muy buen trabajo por construir una imagen a su alrededor que poco que tiene que ver con la realidad. La ficción es mucho más sexy, digámoslo así. Han cultivado una fachada misteriosa y romántica de cómo es ser un espía, pero la realidad es muy diferente. Muchas veces, su trabajo tiene mucho que ver con archivar, documentar... Es mucho más aburrido que lo que se nos transmite en las películas o en las series.
Eso sí, lo que la CIA ha hecho en los últimos años, con actividades militares en zonas de guerra, sí puede parecerse algo más a la imagen de Hollywood. En ningún caso tiene un grupo de asesinos a sueldo al más puro estilo Jason Bourne, pero sí que tiene una flota enorme de drones que son capaces de llevar a cabo los asesinatos.
Con la irrupción de las nuevas tecnologías en la industria militar, ¿ha mutado el paradigma del espía en una especie de 'cibersoldado' o todavía perdura el estereotipo del agente tradicional?Esto en realidad ha sido uno de los aspectos de la Administración Obama. En su intento de ser lo opuesto que George W. Bush y sus guerras en Afganistán e Irak, Obama ha buscado ser más sutil, llevar la guerra de una manera más secreta y menos arriesgada para los americanos.
De este modo, ahora los soldados están sentados en un trailer en Nevada mientras el dron que pilotan sobrevuela las montañas de Paquistán o su virus informático sabotea el programa nuclear iraní. La guerra secreta en todas sus facetas será, probablemente, una de las mayores herencias que nos vaya a dejar el presidente Obama.
El libro revela la fascinación que tiene el presidente Barack Obama por la CIA y sus actividades...Cómo la CIA se ha convertido en un eje central de la política exterior de Estados Unidos es una de las cosas que más sorprenden del mandato del actual presidente. Sin entrar mucho en la psicología, sí parece que para él la CIA es una opción muy atractiva de despachar determinados asuntos menores en secreto.
Con el objetivo de no seguir los pasos que Bush, ha abrazado esta estrategia de la guerra secreta y ha convertido a la Agencia en un arma muy potente de su Administración.
¿Cree usted que el futuro del Pentágono pasa por las empresas contratistas, cuya experiencia, sobre todo a través de Blackwater, ha generado mucha controversia?Siempre que externalizas operaciones que deberían ser llevadas a cabo por el Gobierno se incrementa el riesgo, porque pierdes el control sobre ellas. Uno de los aspectos más extraordinarios tras el 11S es el auge de contratos con empresas relacionadas con Defensa, Inteligencia y Seguridad.
Ya sea Blackwater o cualquier otra, la duda es hasta qué punto esta gente está controlada y supervisada sobre lo que hacen y cómo lo hacen. La CIA quiere reducir el número de contratistas, pero creo que estamos en un Estado demasiado dependiente de ellos.