Opinión

La bomba, las condenas y el doble rasero

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 05 de octubre de 2013
El atentado con un artefacto explosivo casero contra la Basílica de El Pilar de Zaragoza –cometido presuntamente por un grupo terrorista anarquista- nos ha recordado el peligro del terrorismo de extrema izquierda. Ha sido un atentado contra uno de los símbolos de España y podría haber causado una tragedia mayor si el templo hubiese estado lleno de gente, por ejemplo, durante una misa. Sólo cabe condenarlo con el mayor rigor y recordar que el terrorismo deslegitima cualquier causa por justa que les pueda parecer a sus defensores.

Ahora bien, el atentado contra la basílica ha tenido otro efecto perverso: la comparación directa o indirecta con el ataque a la librería Blanquerna en Madrid hace unas semanas y el desvelamiento del doble rasero que se aplica en España según quien sea violento. Algunos callaron ante la bomba de El Pilar, otros se apresuraron a condenarla con la misma firmeza con que minusvaloraron el asalto a un símbolo de Cataluña en Madrid. Hay quien condenó con tibieza uno u otro. Hay quien se apresuró a exigir condenas a los demás como si repartiese carnés de demócrata o como si tuvieran que demostrarle algo.

Detesto ese doble rasero que lleva silenciar las matanzas de cristianos mientras se condena la islamofobia o ese otro que demoniza a los musulmanes mientras reivindica una supuesta identidad española y europea construida a base de exclusiones. La violencia se condena según quien sea el violento y no en sí misma. Cuando un grupo de nazis patea a un mendigo se denuncia, se condena y se manifiesta la mayor indignación, pero si ese mismo grupo de nazis patea a un marroquí, algunos se callan como si esa violencia fuese menor o como si ya tuviese quien la condena: los otros.

Los radicales de izquierda y de derecha tienen sus violencias condenables y sus violencias silenciables. Los que se llaman “provida” callan cuando un marido mata a su mujer y los que se dicen “progresistas” disminuyen la gravedad del atentado contra un templo. Unos y otros recuerdan unas violencias y olvidan otras. Sin embargo, eso solo deja en evidencia la radicalización que estamos sufriendo en España.

Allá cada uno con su conciencia sobre la violencia que condena y la que no. Allá cada uno con la violencia “silenciable”. Ahora bien, así vamos muy mal. Si no somos capaces de mantener la unidad en lo fundamental, los radicales de cualquier signo habrán ganado. Si somos incapaces de construir un consenso sobre los fundamentos de la democracia (por ejemplo, la condena de toda violencia), los radicales ya han ganado porque entonces no estaremos contra la violencia sino contra los “malos motivos” que se esgriman para legitimarla.

La opresión reviste formas muy diversas y están relacionadas. Las discriminaciones, las violencias, las injusticias están trabadas entre sí y sólo cabe enfrentarse a todas ellas. Las estructuras de odio y violencia se repiten. Un amigo dice que la incitación al odio siempre empieza por los judíos pero nunca termina en ellos. Otros piensan que comienza por otros colectivos, pero me parece evidente que termina extendiéndose a todos y, entonces, cuando uno quiere reaccionar, ya es demasiado tarde.

El atentado terrorista contra la Basílica de El Pilar fue contra todos y contra todos fue el ataque a Blanquerna. Los dos merecen condena sin paliativos, sin compensaciones, sin pretextos ni peros. Al principio, los nazis lograron que la violencia contra los judíos, los homosexuales, los discapacitados, los testigos de Jehová, los músicos de swing, los cristianos confesantes y tantos otros grupos fuese sentida como ajena por la sociedad de su tiempo. Pocos alzaron la voz para protestar cuando los judíos fueron excluidos de la vida social o cuando los homosexuales eran encarcelados. Cuando aquella violencia quedó impune por el silencio cómplice o la ignorancia deliberada, fue viniendo todo lo demás que tenían preparado.

El asalto a Blanquerna es un ataque contra mí y la bomba de El Pilar también. Son ataques contra todos los que creemos en la libertad, en la democracia, en los derechos humanos y en la razón. La violencia, la discriminación y la injusticia nos atacan a todos los demócratas, se ejerzan contra quien se ejerzan.

¿No les parece?