Opinión

Fascistas y proetarras, los mismos perros con distintos collares

Joaquín Vila | Domingo 06 de octubre de 2013
El hecho de ser de ultraderecha o de ultraizquierda no es un delito. En todo caso, es una estupidez. Sólo hay una raya que no deben traspasar: la ley, la Constitución. La ideología, el pensamiento deben de ser libres. Y los delitos, castigados.
Hace poco, un grupo de ultras irrumpió, el día de la Diada, en una librería catalanista y arrampló con todo lo que pudo. Agredió a más de uno y destrozó lo que encontró a su paso. La Policía, como corresponde, detuvo a los autores y tendrán su juicio y serán condenados. Pero la cuestión no es que sean unos desfasados franquistas, que a estas alturas deben de quedar cuatro chiflados, sino la violencia empleada y desmesurada.

En Grecia, por ejemplo, en el partido ultraderechista Aurora Dorada, establecido en el Parlamento con 18 diputados, seis de sus dirigentes están en la cárcel por su responsabilidad en el asesinato de un rapero de ultraizquierda. Todo un ejemplo democrático. Es un grupo neonazi, pero hasta que traspasó esa línea roja de la ley tuvo numerosos votos y sus correspondientes parlamentarios. No han sido detenidos por su repugnante ideología, sino por asesinos, por apalear a inmigrantes, por violentos.

Los independentistas suponen otra antigualla, aunque se cuenten por cientos de miles. Y son tan ultras como los neonazis. Son muy libres de serlo. El problema es cuando atentan contra la ley. Pero ahí nadie actúa. Los dirigentes de Bildu y compañía cometen delitos a diario y nadie mueve un dedo. Desde sus medios (“Gara”) o en sus ruedas de prensa proclaman cada día la apología del terrorismo. Y esa sí que es una línea roja que traspasan sin que nadie se altere. Si “Gara” o los dirigentes abertzales se limitaran a defender la independencia o la autodeterminación, como ellos dicen, estarían en su derecho. El problema es que atentan a diario contra la libertad de expresión y la ley al defender a los asesinos de ETA, pues la apología del terrorismo es un delito.

Porque, aunque estamos hartos de sus balandronadas, el Gobierno y las Fuerzas Armadas no pueden permitir que actúen en contra de la ley, que agiten a las bases con sus proclamas proetarras y celebren manifestaciones violentas e ilegales. Ahí debe de actuar la Policía. Y no lo hace. La Ertaintza, como mucho, asiste y casi arropa impávida esas tropelías. Y no pasa nada.

Este mismo sábado, en Bilbao, Herrira, el colectivo que apoya a los presos de ETA, que atacó la sede del PP en San Sebastián, con Bildu de pantalla, se ha manifestado con gritos y pancartas a favor de la banda asesina y, para más recochineo, los 18 detenidos y ya liberados por tal ataque, encabezaban la marcha. Y nadie lo impidió. Ni el Gobierno vasco, ni el Gobierno de Rajoy. Eso sí, Cospedal declaró que había pruebas para ilegalizar a Bildu, aunque no se lo cree ni ella. Al final, todos miran para otro lado y tan contentos. Bastantes problemas tienen con los nacionalistas catalanes como para abrir otra guerra.

Por eso, en el caso de los abertzales no se cumple la ley. Incluso gobiernan cientos de Ayuntamientos, como el de San Sebastián, una de las mayores vergüenzas de España. Pero lo dicho: ser ultra de derechas o de izquierdas es legal, aunque risible y estúpido. Pero entrar en una librería y liarse a mamporros o proclamar la independencia del País Vasco jaleando a ETA son delitos que deberían ser castigados. Y no lo son. Sobre todo, los de los proetarras.

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