Lucía Nieto | Martes 06 de mayo de 2008
Haití, enclave latinoamericano del hambre, hace escasamente una semana este titular dio la vuelta al mundo, pero ¿Es el problema del hambre y la pobreza en Haití un fenómeno aislado en América Latina?, ¿Podemos estar tranquilos con respecto a los compromisos éticos de mínimos adquiridos por la humanidad en los Objetivos de Desarrollo del Milenio? Más, cuando se trata de un problema que afecta directamente al capital humano de futuro, la niñez.
El primero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio se propone erradicar la pobreza extrema y el hambre, este objetivo, busca reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas que padezcan hambre. Uno de los indicadores más sensibles para dar cuenta de ella -del hambre- es el porcentaje de menores de cinco años con insuficiencia ponderal, término técnico para referirse a los efectos de la desnutrición crónica que se refleja en niños con una talla baja y un desarrollo físico inarmónico. Este estado es el resultado de un proceso de adaptación irreversible, producto de un fenómeno de autodefensa del organismo, que se logra a través de una reducción de la velocidad de crecimiento y una disminución de la actividad física, para reducir los requerimientos nutricionales. El hambre alimenta el futuro de nuestros países, produciendo niños pequeños, quietos y agobiados de enfermedades, verdaderos supervivientes.
Desafortunadamente no se trata de un problema exclusivo de Haití, ya que el hambre y la desnutrición afectan a cerca de 53 millones (10 por ciento) de personas de América Latina y el Caribe. Casi 9 millones (16 por ciento) de niñas y niños menores de cinco años padecen desnutrición crónica o retardo en su crecimiento. Además de los 9 millones de niños desnutridos, se estima que hay 9 millones adicionales que están en riesgo de desnutrirse. Entre los países con mayores prevalencias se encuentra Guatemala con casi el 50 por ciento; Honduras, Nicaragua, Haití, Ecuador, Bolivia y Perú con más del 20 por ciento; México con más del 15 por ciento; y Panamá y Colombia con más del 10 por ciento (1,2). En general estas altas prevalencias de desnutrición están asociadas a los niveles de pobreza, y por ende las capas sociales desprotegidas son las más afectadas.
Aunque al analizar el comportamiento de las cifras de prevalencia de la desnutrición crónica en América Latina en la última década, hasta 2007, la tendencia general es hacia la disminución, podría incluso decirse que la región está en vías de cumplir la meta sobre hambre, de hecho, en 15 de 24 países se redujo la subnutrición, es inquietante que la mayoría de los países con mayor rezago no hayan progresado a un ritmo acorde con el logro de esta meta. Es importante destacar que los promedios regionales y nacionales ocultan grandes disparidades entre países y al interior de los países; estas brechas se relacionan con factores étnico-culturales, geográficos y económicos.
Cifras más cifras menos, tendencia general de disminución que esperamos se generalice profunda y realmente abandonando las disparidades y que se sepa defender a pesar del incremento mundial del precio de los alimentos, por que no debemos perder de vista que se trata de millones de víctimas indefensas de la violación de un derecho fundamental de la niñez, el derecho a la alimentación y nutrición y que, además, estos niños víctimas confían en que se esté haciendo lo suficiente.
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