Estrena Caníbal
Laura Crespo | Viernes 11 de octubre de 2013
El actor malagueño Antonio de la Torre, que presenta su último trabajo, Caníbal, de Manuel Martín Cuenca, charla con El Imparcial.
Ni mencionar los Goya y los rumores sobre que este año no se le escapa. Es lógico no querer alimentar esperanzas meses antes de los premios pero es que lo ha vuelto a hacer, y esta vez con el ‘más difícil todavía’. El malagueño Antonio de la Torre ha regalado al cine español una joya con su actuación en Caníbal, la última producción del realizador Manuel Martín Cuenca que llega a las salas este viernes tras su estreno en el Festival de Cine de San Sebastián. Su interpretación contenida y paradójicamente natural de un respetado sastre granadino que asesina mujeres para comérselas se lo ha puesto difícil a Anthony Hopkins para pasar a la historia como el caníbal más emblemático del celuloide. Una vez más, el actor se ha metido hasta la cocina y ha pasado dos meses trabajando con un sastre para impregnar de realidad a Carlos, el metódico caníbal que se asume a sí mismo sin remordimientos hasta que llega a su vida la hermana gemela de su última víctima para abrir una fisura en sus robustos y oscuros esquemas.
De la Torre desprende adrenalina durante la promoción de la película en Madrid y deja patente que, a pesar de las barreras psicológicas que asegura no haberse saltado, está encantado con su personaje y con la película. En una confrontación entre el mal y el amor como la que propone Martínez Cuenca, el actor lo tiene claro: “el amor lo mueve todo”.
La verdad es que da la sensación de que se supera en cada papel, incluso en este, el primero con el que soporta el cien por cien de la película. ¿Da un poco de vértigo enfrentarse por primera vez a un personaje que lleva él sólo todo el peso de la trama?
Totalmente. Da vértigo enfrentarte a un papel con ese peso en la película y da vértigo enfrentarse a un personaje que es un asesino, que desde el comienzo el espectador lo va a saber y que es con él con quien va a tener que seguir la historia. Al público tiene que interesarle lo que le ocurre a un asesino, tiene que empatizar de alguna manera, y eso claro que lo pensé al principio. Inmediatamente me dije a mí mismo que tenía que desterrar eso de la cabeza, porque los miedos te paralizan y no puedes trabajar con ellos ni hacer nada con ellos, en general en la vida.
¿Cómo se prepara uno para un personaje así de deplorable?
Me aparté un poco de la parte psicológica y me preparé la parte de la sastrería. Estuve dos meses con un sastre para sentirme seguro moviendo las cosas, creerme sastre. Esta es también la máscara o la coartada que tiene el personaje para sentirse seguro y hacer lo que hace, así que quería prepararla bien. Con esto ya me empecé a colocar en otro sitio, con otros recursos, otra manera de moverme y de tocar, algo de lo que Manolo (Martín Cuenca) estuvo también muy pendiente. También creo que fue importante controlar la energía. Yo soy una persona con muchísima energía y tuve que llegar al punto de que esa energía estuviera presente, porque el personaje está vivo, pero tapada.
Después de dos meses con un sastre, ¿va a ampliar su carácter polifacético y a empezar a hacerse los vestuarios para sus películas?
No, ¡ni de coña! Un respeto a los sastres. No puedes llegar en dos meses a conocer un oficio de cincuenta años, como lleva Octavio Hernández, el que me ha preparado. Aprendí a dibujar un pantalón o a cortar, pero no bien. Absorbí la actitud y creo que conseguí, o eso espero, impregnar la actuación de un aire parecido al que tendría un sastre. Seguro que un profesional lo nota, pero creo que tanto para el espectador como para mí, la sensación es como de que sé lo que estoy haciendo.
Creo que quien vea la película se preguntará de dónde sale este sastre caníbal que es tu personaje…
Yo creo que Manolo (Martín Cuenca) investigó más sobre esto que yo. Hablamos de lo que le podría haber ocurrido con su padre, pero sólo como una posibilidad. La idea es no contarlo, que Carlos sea como uno de los nuestros, como una reflexión. ¿De dónde vienen las guerras? Hay tantas atrocidades en la historia de la Humanidad no contestadas, no curadas incluso, que esta viene a ser una más. Al director le interesaba entrar en ese mundo. A esto se une que yo, como actor, si me pongo a juzgar o a entrar mucho en esas reflexiones psicológicas es peligroso. Está bien tener unas claves que te ayuden a entender al personaje, pero llega un momento en el que haces lo que tienes que hacer sin más.
El canibalismo puede ser una hipérbole, pero ¿cree que hay otras cosas que, como Carlos a sus gustos gastronómicos, la sociedad acepta como normales cuando son, en realidad, brutalidades?
Claro. Por ejemplo, que haya casi mil millones de personas que pasan hambre mientras, según datos de la ONU, el 40 por ciento de la comida se tira, ya no los consumidores en sus casas sino durante el proceso de producción. Eso me parece una barbaridad. O lo que pasó la semana pasada en Lampedusa: que a los puertos les den la nacionalidad y a los inmigrantes los echen. Que haya cada vez más gente rica mientras otros se suicidan porque les echan de sus casas. Si sigo, no acabo.
Esta es una película, podríamos decir, de autor: con planos, tiempos y diálogos poco convencionales o, quizá, poco comerciales. ¿Cree que el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, cuestionaría su calidad?
Pues la verdad es que no lo sé, pero diría dos cosas. Primero, cuando fuimos a Rumanía a hacer el casting de la película y después de todo lo que Manolo se ha movido por Europa para buscar financiación, me he dado cuenta de que la percepción desde fuera es que hacemos muy buen cine de género. No utilizan esa etiqueta de ‘cine español’. Miremos todas las nominaciones y premios que han conseguido películas, actores, directores, guionistas y demás personas del mundo del cine español en los últimos 25 años.
Y otro asunto, ahora que parece que una de las consignas de la política del actual Gobierno es considerar al cine entretenimiento. En la RAE, la definición de ‘cultura’ es algo así como ‘conjunto de conocimientos encaminados a formar un juicio crítico’. Y yo me pregunto: ¿conviene que no haya cultura para formar una sociedad sin juicio crítico, que se pueda domesticar más fácilmente, a la que se le puedan hacer más recortes e imponer cómo debe comportarse? ¿Eso es democracia o es totalitarismo? Y ahí lo dejo.
Aunque Caníbal era una de las candidatas para representar a España en los Oscar, finamente será Quince años y un día (Gracia Querejeta) la peleará por acudir a Hollywood. ¿Le dio pena?
Bueno, esto es así, te toca o no te toca. Me hubiera encantado que hubiera salido Caníbal o La gran familia española, pero no pasa nada. Es como en San Sebastián, vas a competir y estás deseando ganar, pero también hay que saber perder. No he podido ver aún la película de Gracia, entre el trabajo y mi niña de dos años y siete meses, pero sí quiero verla, sobre todo de cara a los Goya, y desearle mucha suerte. Ojalá llegue.
Creo que le próximo año podremos verle en su primera incursión en el cine internacional con una película francesa. ¿De qué trata?
Tiene un título provisional, F2014, que no sé si se quedará así y es una película rodada en inglés sobre la historia de la FIFA. Yo soy muy futbolero, fui a ver a España a la semifinal y a la final del mundial de Sudáfrica y la verdad es que está muy bien hacer una película sobre fútbol si te gusta. Pero sobre todo me encantó este proyecto por poder trabajar con Gérard Depardieu, una leyenda inmensa del cine y con el que tengo una especie de anécdota. Cuando vi Matrimonio de conveniencia a principios de los noventa, una época en la que era bastante más joven y no vivía de esto, me quedé alucinado con una escena en que Depardieu mira Andie MacDowell con una mirada de amor y de ternura increíble. Fue algo inspirador y pensé que ojalá pudiera hacer yo en el cine una mirada como aquella.
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