Jueves 17 de octubre de 2013
CiU se ha descolgado, de nuevo, con un doble discurso radicalmente contradictorio. De un lado, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha declarado que ya no le interesa el “intercambio de cromos”, es decir, negociar una financiación más favorable a las cuentas autonómicas catalanas a cambio de frenar el proceso de secesión. Mas sostiene que sólo cabe una negociación destinada en exclusiva a la consulta secesionista reducida al territorio catalán. Por otro lado, su socio en CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, acaba de apremiar al Gobierno de Mariano Rajoy para que negocie porque, si no actúa, habrá una “declaración unilateral de independencia”.
Por lo tanto, el partido del Gobierno en la Generalitat nos dice que no hay margen para pactos y, a la vez, que los pactos son urgentes, en una contradicción tan obvia que debería obligar a una aclaración interna en CiU de modo que la ciudadanía sepa a qué atenerse. Aunque esa doble cara y ese continuo lenguaje haya sido hasta ahora un sello de la casa en la formación catalanista, elevado en los últimos treinta años a la categoría de arte de la ambigüedad política, al que le queda un escaso recorrido ante la situación histórica que vivimos.
Hay una novedad, sin embargo, en la advertencia de Duran i Lleida a tener en cuenta muy seriamente. En su intervención parlamentaria, Duran no ha hablado de “intercambio de cromos”, sino que ha señalado un problema en el que le asiste la razón: la clamorosa falta de iniciativa política del Ejecutivo de Rajoy ante el órdago soberanista catalán. No es de recibo, frente a semejante envite, relegar la cuestión únicamente a los tribunales, de cuyas sentencias, además, la Generalitat hace caso omiso. Tampoco fiarlo a una recuperación económica sometida a avatares impredecibles y fechas inconcretas, o esperar a un acuerdo de financiación económica en el último momento. Todas estas bazas han sido superadas por los acontecimientos y los españoles aguardan cada vez con más impaciencia una respuesta política de Rajoy clara y enérgica que afronte de cara los planes secesionistas.
En este punto, Duran i Lleida, contradiciendo a Mas, está en lo cierto y sus palabras pueden llegar a interpretarse no como una amenaza sino como una petición de ayuda. La acción política nacional que debe encauzar Mariano Rajoy aunando la voluntad de todas las formaciones y personalidades opuestas al secesionismo, no habría de dirigirse exclusivamente a un acuerdo con los partidos catalanes. Habría de orientarse también a la ciudadanía catalana que se siente española. Una ciudadanía que sigue siendo hoy una mayoría y que se siente huérfana, excluida y relegada a la sombra en virtud de la política excluyente de la Generalitat , y que demanda una intervención política que la aglutine, la visualice y haga efectiva su auténtica fuerza social, hábilmente desactiva desde el Ejecutivo de Artur Mas.
Duran acierta al prever que la combinación entre la irracionalidad pasional en la secesión y el autismo tancredista de Rajoy conduce a un desenlace catastrófico que pudiera derivar, quizás, en una de esas experiencias históricas trágicas en el transcurso de la vida española, que jamás deberíamos repetir. Mejor adelantarse a hechos que se ven venir que lamentarse a toro pasado. Duran ha dado a Rajoy la mejor recomendación: en Cataluña, hay que hacer política con mayúscula ya.
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