Opinión

Prestaciones, otra reforma a medias

Jueves 17 de octubre de 2013
El presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha hecho unas declaraciones que están cargadas de sentido: “no podemos seguir manteniendo un sistema de desempleo donde se rechazan sistemáticamente ofertas hasta agotar la prestación de desempleo y que, sólo cuando se va a acabar, entonces sí se está dispuesto a insertarse”. Esta era una práctica común en la época de bonanza, y es un fraude al sistema y al resto de los conciudadanos, además de restar oportunidades de mejora tanto para los trabajadores como para el conjunto de España. El fraude es previsible, con todo. Pues si desde el Estado se le ofrece a los ex trabajadores una remuneración a cambio de que no encuentren un empleo, aunque no sea ese el sentido de las prestaciones por desempleo, el resultado que cabe esperar es precisamente este.

Hay comportamientos que han cambiado con la crisis. Por ejemplo, ha caído dramáticamente la incidencia de las bajas médicas, quizás porque muchos trabajadores temen el despido más que antes, cuando las ofertas de trabajo eran abundantes. Cabría pensar que lo mismo podría ocurrir con las prestaciones por desempleo, pero los datos son tozudos, y coinciden con la denuncia expresada por Ignacio González. La razón es la generosidad de nuestro sistema, y la falta de flexibilidad del mismo, que dificulta, cuando no impide, expulsar del sistema de ayudas a aquéllas personas que no buscan activamente empleo, o que incluso rechazan ofertas con tal de no perder la prestación.

No cabe duda de que hay terreno para la mejora del sistema. Por un lado, las oficinas de Empleo no son las más adecuadas, ni cuentan con los incentivos precisos, para ofrecer a los desempleados ofertas que se adecuen a su experiencia y objetivos profesionales. Esa labor debería recaer en las empresas especializadas en colocación, que no sólo cuentan con el conocimiento y la preparación adecuadas, sino que hacen de poner en común a empresarios y trabajadores su negocio. Por otro lado, hay trabajos muy poco remunerados o con una duración muy breve que interrumpen la prestación y pueden llevar a perderla, si éstos se aceptan. Por último, tantos años de prestaciones generosas han llevado a muchos españoles a verlas como una especie de recompensa, o derecho adquirido, por los años cotizados. Una de las muchas reformas que el Gobierno sólo ha hecho a medias es la de las prestaciones por desempleo.

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