Opinión

La marca España

Santiago López Castillo | Lunes 21 de octubre de 2013
Economistas, empresarios, políticos… se han apuntado a “la marca España”. Y todos, toditos, todos, estos, esos y aquellos no paran con la “original” etiqueta, ni que fuera “Made in China”. Me parece un disparate, maestro Anson, teniendo, como tenemos, una lengua tan fértil y evolutiva como la española, dejándonos llevar por fórmulas publicistas que pueden destruir un idioma tan callando.

Y así viene lo de “la roja”, que tiene connotaciones políticas, qué duda cabe, y esta ocurrencia es para no decir la selección española, o sea, España, quinientos años la contemplan, y los del marketing, obsesionados con joder la marrana de nuestro idioma, tratan de implantar una marca más propia de los productos industriales, mismamente “Made Hong Kong”. Me he calzado unas deportivas para dar mis paseos por el campo y en la lengüeta -pese a ser de fabricación nacional- no pone lo de la marca España. Pone Joma. Y a andar.

Esto me retrotrae a los debates constitucionales -aunque desde un plano distinto-
en que quedó aprobado que la capital del Estado español es la Villa de Madrid. Se sublevó el senador Cela, cuya enmienda, monda y lironda, era sencillamente “la capital de España es Madrid”. Pero pasar de un régimen autoritario a una democracia, mejor dicho, partitocrático, obligaba a los nacionalistas a lavarse la boca con perborato si se pronunciaba la palabra España, sin caer en la cuenta de que “Estado español” lo acuñó Franco en Burgos al final de la guerra civil.

Mi gran amigo Cela hubiera despejado esto de la marca con dos palabras: “¡Memez!, idiotez!”. Seguido de obvios improperios.

- ¿Tú te imaginas, Santiago -me preguntaba el gran escritor, porque usted, que soy yo, fue quien informó a toda España los debates de la carta magna a través de TVE- que el hombre del tiempo predijera lluvias en el Norte español…? En el norte del Estado, ente jurídico, no llueve. ¡Soplapollas! (el insulto iba dirigido al resto de los senadores).
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Por otro lado, agresores del lenguaje han sacado una expresión que me repatea: “Poner en valor”, cuando tenemos un verbo transitivo que es valorar. Encima de inanes del léxico son cursis al cuadrado. Analfabetos sin fronteras. Y luego viene lo del “evento”, todos los acontecimientos son eventos, ya no existe el acto social, hechos, sucesos… Para concluir con que ha desaparecido la voz “adelantar” en una información, siendo sustituida por “avanzar”, queridos colegas, ni que estuviéramos en las carreras, foto finish, y no digamos “comenzar” sustituida por el puñetero “inicio”, sí, compañeros del metal, el que tanto perjuicio ha hecho el puñetero ordenador.
Esto es, también, la marca España.

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