Opinión

Los ojos de la democracia

David Ortega Gutiérrez | Martes 22 de octubre de 2013
Si queremos realmente avanzar por la senda de un verdadero Estado democrático, no queda más remedio que poner sobre la mesa los principales obstáculos que tenemos por el camino. Sin duda, uno de los más importantes, es la independencia del denominado cuarto poder o medios de comunicación. Junto con la independencia del poder judicial, son los dos pilares básicos sobre los que se asienta un Estado democrático firme y consolidado. El poder político tiende a expandirse y a controlar todo, tiene una cierta tendencia dictatorial, por eso la clave de los regímenes democráticos es la división del poder y la teoría de contra pesos entre los diferentes poderes de una sociedad.

La independencia de los medios de comunicación social respecto del poder político sobre el que trabaja e informa es vital para la formación e información de unos ciudadanos libres y democráticos. Los medios de comunicación dicen a los ciudadanos lo que sucede y lo que no, de lo que se habla y de lo que no se habla, lo que ocurre y lo que se oculta o silencia. Realmente el poder de los medios es inmenso, pues son los ojos de los ciudadanos respecto del poder político. Estamos en sus manos. Políticos y periodistas controlan prácticamente un país, son un microcosmos peculiar que se retroalimenta dentro de la erótica del poder. El principal problema para un medio de comunicación es su independencia económica. Si ésta la tiene mínimamente garantizada, puede, si todavía cree en la deontología profesional, hacer una gran labor democrática, pues informa a los ciudadanos de los posibles abusos del poder político. Ahora bien, si no disfruta de esa mínima independencia económica, y para subsistir precisa de las prebendas o apoyos del poder político al que tiene que criticar y controlar: Houston, tenemos un problema. Nadie muerde la mano que le da de comer.

Pongamos un ejemplo para que se entienda bien. El Ministerio de Sanidad saca una campaña de publicidad institucional contra la violencia de género: “Hay salida”. Tiene pues que insertarla en determinados medios escritos, radiofónicos y audiovisuales. Lógicamente los medios están necesitados de esos ingresos pues su situación económica es verdaderamente difícil. El gobierno del partido popular da ese dinero de campaña institucional o los medios próximos y amigos, que no son cantidades pequeñas, no dando absolutamente nada o muy poco a los medios más críticos. De forma y manera que a través de la publicidad institucional y otros mecanismos -concesión de canales de televisión o radio, etc.- se adoctrina a la prensa para que sea dócil y no excesivamente crítica, potenciando a la prensa amiga y debilitando a los medios incómodos o demasiado críticos.

El resultado final es que desde las sedes de los principales y poderosos partidos que controlan los presupuestos de las administraciones se controla a los medios para que en Cataluña, por ejemplo, apoyen unánimemente el derecho a decidir que marca el Gobierno de la Generalidad, en caso contrario, ya se sabe que no llegará la correspondiente subvención en forma de publicidad institucional o de cualquier otra forma.

Sin una prensa independiente del poder político, el ciudadano está ciego, engañado, manipulado, viviendo en una realidad distorsionada por los medios. Es verdad que el nacimiento de las redes sociales ha logrado neutralizar en alguna medida el poder de los medios, especialmente en los sectores más jóvenes de nuestra sociedad. Pero, en cualquier caso, todavía hoy un buen periodista puede hacer mucho bien por la democracia española, al igual que un mal periodista puede hacer un daño terrible, no permitiendo que la ciudadanía vea y conozca la realidad que le rodea, quedando pues su derecho a votar y a decidir ciertamente muy mermado, ya que vota sin conocer realmente lo que hacen y no hacen sus representantes políticos.