Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 02 de noviembre de 2013
Una parodia de la famosa canción reggae ha hecho fortuna en las redes sociales. El artista saudí Hisham Fagee ha tomado su música y –ayudado por sus amigos, el cómico Fahad Albutairi y el músico Alaa Wardhai- adaptado la letra a una reivindicación de las mujeres saudíes: conducir. El vídeo ha corrido como la pólvora por internet y ha recordado el fondo del debate sobre los derechos de la mujer en uno de los países más importantes del mundo.
El formidable desarrollo económico de Arabia Saudí –basado en la explotación de la industria petrolífera y la alianza estratégica con los Estados Unidos- ha traído desiguales resultados sociales. Por una parte, en menos de un siglo el país ha pasado de ser un Estado desértico nacido de la descomposición del Imperio Otomano a ostentar un liderato religioso y cultural en el mundo islámico. El país está afrontando profundos cambios sociales que tocan los aspectos más delicados de una de las sociedades islámicas más conservadoras. Entre ellos, tal vez el más polémico sea el estatuto de la mujer.
De ahí la importancia que este vídeo ha tenido como resumen de los argumentos que suelen esgrimir los sectores más conservadores de la sociedad saudí –que se hacen extensivos a otros países del mundo islámico en que el Islam wahabbi de la monarquía saudí goza de prestigio e influencia. Así, desde la ironía, Fagee recuerda las advertencias que se hacen a las mujeres de los peligros de la carretera a fin de apartarlas de ella, así como la admonición de que las reinas no conducen de modo que deben dejar esa tarea a los varones. Sin embargo, canta Fagee, sí pueden cocinar la comida del marido, que la compartirá con ellas.
Algunos países islámicos tienen una asignatura pendiente en lo que se refiere a los derechos de la mujer. No es que Europa o los Estados Unidos sean el paraíso pero la situación de las mujeres en Occidente es incomparable con la que padecen en países como Afganistán. Por eso, el vídeo de Fagee nos permite varias reflexiones.
Por una parte, el debate está abierto desde hace tiempo en Arabia Saudí y cada vez son más las mujeres que reivindican una extensión de sus derechos y una igualdad con el varón que hace sólo unas décadas era inimaginable. En esto, han sido cruciales los trabajos de intelectuales –especialmente periodistas, escritoras y profesoras- de países islámicos en que los avances hacia la igualdad se han ido produciendo más deprisa. Por ejemplo, Marruecos, Argelia, Egipto y el Líbano han ido irradiando un pensamiento feminista en clave islámica muy alejado de los postulados del feminismo radical de los años 70.
Por otro lado, el uso generalizado de internet, la telefonía móvil y las redes sociales han creado interacciones entre las mujeres sin precedente hasta el momento. Foros, blogs y listas de correo han abierto las puertas a las jóvenes de las grandes capitales del mundo islámico, especialmente las del golfo, que ha disfrutado un desarrollo tecnológico fulgurante en los primeros lustros de este siglo.
En ese debate no sólo participan las mujeres, sino que también se ha abierto la reflexión entre los varones. Fagee es un ejemplo más de una nueva sensibilidad que está naciendo en el mundo islámico –especialmente en el Golfo- y que trata de reformular las relaciones entre hombres y mujeres de forma compatible con el Islam. Desde el modo de entablarse las relaciones de noviazgo hasta el acceso de las mujeres a la educación superior, el mundo islámico está en ebullición. Los jóvenes que durante las últimas décadas del siglo XX estudiaron en Europa y los Estados Unidos están propiciando un cambio social que comienza por las minorías ilustradas urbanas y poco a poco se va extendiendo a medida que influye en las convenciones sociales e incluso la formación del gusto y la moda.
La historia de las mujeres –y en especial la de las mujeres en el mundo islámico- ha pasado desapercibida o ignorada por las aulas y las creaciones culturales. Tampoco en Occidente se sabe, en general, quiénes fueron Olympe de Gourges o Alexandra Kollontai. Queda mucho, muchísimo por hacer y hay países como Afganistán en los que la situación parece incluso empeorar. Sin embargo, iniciativas como este vídeo simpático, pero crítico, de Hisham Fagee me hacen ser algo más optimista.
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