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Dionisio Garzón: El Muro de Berlín

RESEÑA

Domingo 03 de noviembre de 2013
Dionisio Garzón: El Muro de Berlín. Marcial Pons. Madrid, 2013. 195 páginas. 20 €

Pese a lo breve, estamos frente a un libro muy bien articulado y completo, que posee abundante información y claridad en la exposición, a la vez sencilla y clara. Si bien el tema es la historia del Muro de Berlín, en la práctica logra transformarse en una pequeña historia de la Guerra Fría y, en consecuencia, una breve historia del siglo XX. Sin perjuicio de ello, el centro del trabajo es Alemania, y específicamente la ciudad de Berlín y, más en concreto, el muro que se edificó en 1961como consecuencia de la tremenda división que se había producido en el país al finalizar la Segunda Guerra Mundial y durante las décadas siguientes.

La derrota de Hitler y de Alemania en 1945, con la llegada de los soviéticos por el este en primer lugar, luego de los norteamericanos por el oeste, determinaron una administración conjunta de Alemania, a la que se sumaron Inglaterra y Francia, el conjunto de los países vencedores, los que dirigirían el Juicio de Núremberg y, en este caso, los encargados de evitar que Alemania se rearmara después del dramático conflicto que enfrentó a Europa y al mundo en la década de 1940.

Con el paso de los meses, el Partido Socialista Unificado con apoyo de la URSS se hizo con el poder en el que la nueva República Democrática Alemana (RDA) organiza un Estado totalitario, con partido único, una policía secreta llamada Stasi, órgano central de la inteligencia y el espionaje erigido como sistema. Por el contrario, la República Federal Alemana (RFA), se constituyó como una democracia con una economía de mercado, que a los pocos años logró un desarrollo impresionante, consolidándose progresivamente como una importante potencia en el mundo, si bien no militar como en el pasado.

Esta división administrativa de la postguerra se consolidó en 1961, cuando la RDA decidió la rápida construcción del Muro de Berlín, en el corazón de un mismo país, con un idioma y una historia común, ahora dividida por el Muro, pero también por dos sistemas políticos y económicos contrapuestos, que enfrentaban al “mundo libre” contra un socialismo real.

Como resume muy bien el título de un libro reciente de Frederick Kempe, Berlín 1961. El lugar más peligroso del mundo (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2012), la ciudad pasó a estar en el centro de la política mundial. Si bien el hombre detrás de la idea y la acción era el jerarca alemán oriental Walter Ulbritch, igual preocupación existía en la Unión Soviética de Nikita Kruschev o los Estados Unidos de Dwight Eisenhower y luego de John Fitzgerald Kennedy, quien asumió el poder en la primera potencia mundial precisamente en 1961.

La decisión rápida y decidida de Ulbritch, secundada y ejecutada por el futuro líder del país “oriental” Erick Honecker, tenía como objetivo inmediato detener las continuas “fugas” de alemanes orientales a Berlín oeste. A esa altura de la Guerra Fría, como lo reconocieron las autoridades de la RDA, ya era bastante claro el desarrollo alcanzado por Alemania Federal y su población, mientras el régimen socialista se debatía entre la pobreza y la falta de oportunidades, evidenciado con la comparación.

Rápidamente comenzaron los movimientos militares y diplomáticos, aunque las amenazas de dar inicio a una nueva guerra mundial, esta vez con bombas atómicas incluidas por lado y lado, felizmente no se concretaron. Por otro lado, sí se desarrolló inmediatamente una gran batalla comunicacional, así como comenzaron las consecuencias prácticas de la construcción del Muro, que fue llamado por los orientales “Muralla de Protección Antifascista”, aunque tuvo más larga duración y sentido de la realidad la fórmula elaborada en Occidente, que lo llamó el “Muro de la Vergüenza”. 1961 terminó con la división plenamente ejecutada y un difícil camino de convivencia por delante.

Dionisio Garzón, quien fue diplomático español en Alemania Federal, explica lo que fueron veintiocho años de vida bajo la división del Muro (incluyendo los asesinados mientras intentaban escapar al oeste desde su trágico destino), la coexistencia práctica que se produjo y otras tantas vicisitudes propias de una época que hoy nos parece tan lejana. Finalmente, y pese a las bravatas de Honecker anunciando a comienzos de 1989 que el Muro duraría otros cien años, el Muro cayó. Se cumplía así el deseo de Ronald Reagan cuando pidió a Gorbachov que derribara el Muro, en su famoso discurso en la Puerta de Brandeburgo.

La jornada del 9 al 10 de noviembre de 1989 se produjo un hecho imprevisible, y en pocas horas una curiosa conferencia de prensa de Günter Schabowski, secretario de medios de información en la RDA, donde anunciaba que los alemanes orientales podrían viajar “desde ahora” sin necesidad de “justificar” sus viajes. Rápidamente numerosas personas se dirigieron hacia el Muro que, sin violencia y con gran decisión, comenzó a caer sin encontrar defensores. A las pocas horas muchos lograron pasar al oeste, donde eran recibidos con algarabía, los brazos abiertos, marcando el Final de una época histórica, como señala el subtítulo de la obra.

Finalmente, y felizmente, el Muro cayó. Dejaba detrás una historia de sinsentido, muertes y vergüenza.

Por Alejandro San Francisco

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