Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 09 de noviembre de 2013
Mientras el mundo espera el resultado de las conversaciones entre las grandes potencias y la República Islámica de Irán, en el golfo se prepara un nuevo ejército para intervenir en Siria y trata r de desequilibrar la balanza a favor de los rebeldes –uno ya no sabe si son insurgentes, rebeldes o terroristas- después de que Al Asad haya recobrado la iniciativa y pueda terminar ganando el conflicto.
Los medios de comunicación han publicado que Arabia Saudí está equipando un ejército que podría llegar a cincuenta mil hombres y que intervendría para contrarrestar el apoyo que Hizbolá e Irán están prestando al Presidente Al Asad. Después de que Irán haya logrado cambiar el giro de los acontecimientos respecto a su programa nuclear, la monarquía saudí necesita revertir la pujanza que Irán y su aliado sirio tienen en los últimos meses.
Sin embargo, hay un posible error de cálculo en la preparación de esta nueva fuerza. Sin duda, el apoyo iraní y el de Hizbolá han sido muy importantes en la guerra civil y, especialmente, en detener la ofensiva de los insurgentes y pasar al contrataque. Ahora bien, el apoyo determinante para que el régimen sirio siga donde está en el de Moscú. Fue la Federación Rusa quien contuvo la iniciativa estadounidense para bombardear Siria y ha sido la tecnología rusa la que ha garantizado cierta capacidad de defensa siria en caso de un ataque desde el aire. Ha sido la diplomacia rusa quien ha encauzado la destrucción de los arsenales químicos y quien ha logrado aunar posturas que permitirían la salida política del conflicto.
Sin duda, un beneficiario de la actividad rusa ha sido Teherán. Una estabilización del conflicto sirio sólo puede ayudar a un país que trata de sacudirse el peso de las sanciones y de salir del rincón de los “Estados gamberros.” Como señalaba el Primer ministro israelí Benyamin Netanyahu, Irán tiene al alcance de la mano “el trato del siglo”. Si consigue un acuerdo sobre su plan nuclear, Rohaní podría quedar un triunfador y podría abrirse un nuevo periodo en el ciclo de la Revolución Islámica. Teherán volvería a ser un referente para el mundo islámico… en perjuicio de Riad.
Moscú tiene un interés estratégico en Siria y hasta ahora se ha comprometido al máximo con su aliado Al Asad. Ha logrado detener todos los movimientos que se hacían en su contra y le ha garantizado en veto en Naciones Unidas de cualquier iniciativa hostil. Quien ataca a Al Asad ataca a Moscú. De ahí la importancia de la iniciativa militar saudí, que desestabilizaría de nuevo la región y reiniciaría la partida del tablero sirio. Una partida en la que hasta ahora sólo ha perdido el pueblo sirio.
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