Lunes 11 de noviembre de 2013
El presidente venezolano, Nicolás Maduro, parece empeñado en pasar a la historia como el gobernante más dañino que haya tenido el país. Su última cacicada ha sido la de actuar manu militari contra una cadena de electrodomésticos que, a su juicio, vendía a precios excesivamente elevados. La irrupción del ejército en las tiendas Daka y la detención por parte de la inteligencia miliar de los directivos de dicha cadena es kafkiano y deleznable a partes iguales. Las escenas de saqueo ya comienzan a verse, con las consecuencias a corto plazo que ello puede acarrear.
La ignorancia de Maduro le impide entender algo tan básico como la ley de la oferta y la demanda. Es el consumidor quien elige a qué precio compra, sin necesidad de que éste se imponga desde una jerarquía superior. Y los precios se moderan por el efecto de la libre competencia, que no con intervenciones y confiscaciones. Hace ya tiempo que la seguridad jurídica dejó de existir en Venezuela. Chávez hizo lo que pudo por laminarla, y ahora Maduro está terminando el trabajo. Lo peor es el silencio cómplice de gran parte de la comunidad iberoamericana ante el expolio de libertades que padecen los venezolanos. Habría que ver la reacción de países como Argentina, Ecuador, Bolivia o Nicaragua si algo así sucediera por ejemplo en Colombia. Indecencias de este tipo son de todo punto reprobables, las haga quien las haga. En el caso de Maduro, además, se han convertido ya en habituales.
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