Opinión

Mentir y decir mentiras

Juan José Laborda | Viernes 15 de noviembre de 2013
Miguel Eyquem, señor de Montaigne, conocido como Miguel de Montaigne (1553-1592), escribió sus “Essais”, los “Ensayos”, la obra que da nombre a un género y que será uno de los libros más influyentes de la literatura filosófica europea. La madre de Miguel de Montaigne descendía de una familia de sefardíes del reino de Aragón, y varios miembros del linaje fueron condenados a la hoguera por la Inquisición. En mi panteón particular he tenido a Montaigne junto a Juan Luis Vives (1492-1540), el gran humanista valenciano, amigo de Tomás Moro y de Erasmo de Rotterdam; sus tragedias familiares estuvieron causadas por el mismo fanatismo religioso. Vives y Montaigne son símbolos del humanismo renacentista, y su común pertenencia a familias hebreas nos señala la enorme importancia que los judíos, sean o no cristianos nuevos, han tenido dentro del gran pensamiento europeo.

Esta semana hemos conocido la sentencia sobre el desastre del buque “Prestige”. No se entiende; y cuando el Derecho es ininteligible, lo más probable es que no será otra cosa que injusticia. Confiemos que el posible recurso nos devuelva la confianza en la Justicia. Oigo que ayuntamientos franceses, perjudicados por aquella marea negra, quieren sumarse a los posibles recursos, y me doy cuenta que el escándalo es internacional. Ventajas -en este caso- de la globalización.

¿Por qué he arrancado con Miguel de Montaigne? Porque el capítulo IX de sus “Ensayos” trata “De los mentirosos”. Montaigne será, junto con George Orwell, el autor de las páginas más inteligentes dedicadas a la mentira, y sus consecuencias morales y políticas. En ese capítulo de “Ensayos”, Montaigne hace un descubrimiento:

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