Sábado 16 de noviembre de 2013
El vuelco electoral que en Argentina ha cortado las alas al liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner ha sido impulsado por motivos muy distintos, y no todos ellos debidos al personalismo autoritario del Partido para la Victoria y a los desequilibrios económicos que han desatado una inflación fuera de control. Además de estas razones, también ha jugado un importante papel la creciente indignación de la ciudadanía por el continuo incremento de la inseguridad y la delincuencia. Dentro de ese amenazante contexto, diversos sectores, entre los que se encuentran el Episcopado y altos funcionarios y diputados, han dado la voz de alarma sobre el preocupante crecimiento del narcotráfico en el país austral y su relación con el aumento de la violencia callejera.
Un contundente editorial del rotativo “La Nación”, de Buenos Aires, recogía unas elocuentes declaraciones del ministro de Justicia y Seguridad del Gobierno porteño, Guillermo Montenegro, quien se expresaba sobre el tráfico de drogas en los siguientes términos: “Hoy no tenemos un problema, tenemos una guerra”. Los datos parecen confirmar esa aseveración. Argentina ha ido dejando de ser gradualmente un territorio de simple tránsito de las sustancias ilegales para convertirse en un centro de producción y consumo que año tras año extiende sus redes con mayor eficacia en los grandes centros urbanos. El triste ejemplo de los terribles carteles de la droga con su monstruosa violencia, asociados a grandes países como Colombia o México, que mantienen un sangriento combate diario con los narcotraficantes, ya no se ve como algo lejano en el otro extremo de Hispanoamérica, sino como un riesgo posible a medio plazo si no se toman medidas drásticas de inmediato.
Los jueces federales han solicitado más medios para hacer frente al reto. El antiguo responsable de la Policía Aeroportuaria durante el mandato de Néstor Kirchner, Marcelo Saín, ha llegado a denunciar que el Estado participa en el narcotráfico en la medida en que ha comenzado a infiltrarse en algunos sectores policiales. Las bandas se tirotean y aumenta cada día la expresión de “narcopolicias”. Los últimos comicios argentinos han reflejado la preocupación y la repulsa de la población por la falta de medidas. La clase política se ha enzarzado en una lucha interna por heredar el liderazgo de la presidenta Cristina Fernández con vistas a las elecciones presidenciales de 2015, olvidando afrontar riesgos crecientes como el que estos días se denuncia.
Un ejemplo elocuente de dejación se puede hallar en la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la lucha contra el Narcotráfico, que lleva casi un año sin un titular que la dirija. Los ciudadanos observan con exasperación las luchas endogámicas de los dirigentes y la desatención a gravísimos problemas que todos ven crecer con impotencia. Cuando se decida intervenir, quizá ya sea tarde.
TEMAS RELACIONADOS: