RESEÑA
Domingo 17 de noviembre de 2013
Dacia Maraini: La larga vida de Marianna Ucrìa. Traducción de Atilio Pentimalli. Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores. Barcelona 2013. 272 páginas. 17,50 €
La vida de cualquier persona con una discapacidad, del tipo que sea, es, en los tiempos actuales, un reto continuo y la necesidad de tener que pelear y esforzarse más que el resto de individuos para llegar a metas inicialmente consideradas corrientes. El apoyo de la sociedad y de las instituciones es, sin duda, la mejor herramienta y ayuda con la cuentan todas estas personas que tienen mermadas algunas de sus capacidades motoras, sensoriales o intelectuales. Algo con lo que no se contaba en tiempos pasados, sin que haga falta retroceder más de una treintena de años para recordar tratos discriminatorios y degradantes a los minusválidos.
En la protagonista de esta novela, Marianna Ucrìa, todo esto se acentúa. En primer lugar, nos remontamos a la primera mitad del siglo XVIII, donde todavía los conocimientos médicos sobre temas como la sordera, que es el caso particular de la figura central de esta obra, eran escasos. En segundo término, nos encontramos con un entorno social de extrema exigencia, la aristocracia palermitana. Familia numerosa y con el destino premarcado en función del sexo y de la posición dentro del árbol genealógico.
¿Cómo puede permitir una familia con renombre tener entre sus filas a una niña sorda y muda? Claramente había que intentar una vida feliz dentro de su matrimonio de conveniencia. Pero, al final, caerá en la garras del amor apasionado y real, aunque también conocerá lo que podríamos llamar un amor intelectual. Porque, a pesar de ser mujer, de noble cuna y sorda, es una mujer culta, con lo poco que esto se estilaba en esos años. Un auténtico ratón de biblioteca que nos revela en su persona una composición de lo más variopinta y atractiva como todo este libro.
Dacia Maraini elabora este retrato vital femenino no sin un cierto aire reivindicativo, tratando de ser el altavoz de todas esas mujeres que fueron mudas durante siglos bajo el yugo de sus cónyuges y poner fin a esta situación. Siguiendo el consejo de un médico de confianza, al igual que la sordera se había producido por un susto, de la misma manera había que eliminarla. Y lo cierto es que el padre de Marianna intenta que el tratamiento de choque resulte lo más potente posible. Así, hará que la niña sea testigo, a pocos metros de distancia, de la ejecución mediante ahorcamiento, de un joven asesino algo mayor que ella. Obviamente, como tratamiento para la sordera tuvo nula efectividad, pero se marcó a fuego en la memoria de Marianna, de tal modo que acudir a la ciudad de Palermo sea un auténtica tortura. Por eso fija su residencia en una villa a una distancia prudencial de esa ciudad.
La única manera de poder contraer matrimonio será desposándose con su tío y, a lo largo de toda la novela, podremos ver cómo es la longeva vida de “la duquesa mudita”, como la llaman en su familia, desde esa peculiar perspectiva que le da estar sumida en un silencio perpetuo y poseer una mirada que escruta al máximo la información que sus ojos le transmiten. Su escritorio portátil será la vía de comunicación con los que le rodean y una herramienta más de análisis de su interlocutor epistolar.
Por Jorge Pato García
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