Martes 19 de noviembre de 2013
Michelle Bachelet deberá esperar a la segunda vuelta si quiere volver a la presidencia de Chile. Pese a su holgada victoria -un 46 por ciento de los sufragios, pese a un 25 por ciento de su oponente, Evelyn Matthei- , la candidata de la Nueva Mayoría no logró cerrar un triunfo definitivo, algo que ha causado cierta decepción entre sus filas. Todo apunta a que finalmente será ella quien vuelva a regir los designios del país, aunque para ello habrá aún que esperar.
Chile se caracteriza por sus acusadas desigualdades sociales, que contrastan con una pujante economía. Desde que en 2010, asumiera la presidencia el conservador Sebastián Piñera, el crecimiento medio del PIB ha sido del 5,5 por ciento. Con un desempleo más que aceptable -por debajo del 5,7 por ciento- y una inflación controlada, existe sin embargo un cierto clima de descontento social. Las revueltas estudiantiles, amen de constantes, son un claro reflejo de ese descontento, así como también el bajísimo índice de participación de estos comicios, por debajo del 50 por ciento.
Resta por saber si Bachelet seguirá encarnando un patrón de izquierda más civilizado que el de sus vecinos continentales -Cristina Fernández de Kirchner, Nicolás Maduro, Evo Morales- o si, por el contrario, se encaminará hacia la senda populista de la radicalidad. Siendo Chile como es quizá el país más estable en todos los sentidos de Hispanoamérica, lo último que le conviene es un giro radical, sea en la dirección que sea.
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