Francisco Delgado-Iribarren | Martes 19 de noviembre de 2013
Decenas de miles de personas salieron a la calle el domingo para pedir al PP que cumpla su programa electoral en lo tocante al aborto. Es decir, que derogue la Ley Aído. “España por el aborto cero. Por una vida sin recortes”. Este ha sido el lema, no exento de ironía, de una manifestación que se ha repartido por 46 ciudades españolas. En Madrid, miles de personas de todas las edades recorrieron la IV Marcha por la Vida desde la Puerta del Sol hasta la plaza de Neptuno. Y eso que caía una lluvia como de minúsculas lágrimas.
Mienten quienes dicen que el PP no ha cumplido ninguna promesa electoral. Ahí están la reforma laboral, la reestructuración del sector financiero, la defensa de la unidad de mercado, la ley de emprendedores, la Marca España… Es verdad que otras promesas no las han cumplido, verbigracia, bajar los impuestos. Dicen ellos que es porque no han podido. En el problema del aborto, está por ver si cumplen con la medida 6 del epígrafe 3.1. “La familia: primera sociedad del bienestar”, que dice:
“La maternidad debe estar protegida y apoyada. Promoveremos una ley de protección de la maternidad con medidas de apoyo a las mujeres embarazadas, especialmente a las que se encuentran en situaciones de dificultad. Impulsaremos redes de apoyo a la maternidad. Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores”. Bonitas palabras, que seguramente aplaudan la mayoría de los votantes del PP. Ahora falta pasar de las musas al teatro.
El pasado 29 de mayo, el ministro de Justicia, don Alberto Ruiz-Gallardón, también recurrió a bonitas palabras, esta vez del gran Miguel Delibes, para espetar al diputado Eduardo Madina: “Sea auténticamente progresista y defienda de verdad a los más débiles, y piense que en este caso el más débil y el que necesita protección es el concebido”. Se inspiraba el ministro en un famoso artículo del célebre escritor, titulado “Aborto libre y progresismo” (ABC, 20/12/2007), en el que sostiene que la inclusión del “abortismo” entre los postulados de la moderna “progresía” rompe con el tradicional ideario progresista de defensa de la vida y, en particular, de apoyo a los más débiles e indefensos. Cuando se cumplen dos años de la victoria democrática del PP, cabe devolver al ministro de Justicia sus mismas palabras: “¡Sea auténticamente progresista y defienda de verdad a los más débiles!”.
Las dos leyes socialistas, la de 1985 y la de 2010, han legalizado y han extendido la práctica del aborto en España. El PP tiene que demostrar que es capaz de ofrecer un modelo sociocultural alternativo al del PSOE. Desde 1985, cuando entró en vigor la primera ley socialista, han sido abortadas en nuestro país casi 2.000.000 de criaturas. Actualmente el ritmo es de unos 120.000 abortos al año. Más de 300 al día. Uno de cada 5 embarazos termina en aborto. Una de cada tres mujeres que aborta ya lo había hecho en otra ocasión.
En este aspecto parecernos a los países de nuestro entorno no debe ser un motivo de orgullo. España es el tercer país de la UE donde más abortos se realizan, solo superado por Reino Unido y por Francia, y es el país de la Unión donde más crece el número de abortos. En Polonia, en cambio, una iniciativa legislativa popular que recogió 600.000 firmas en solo dos semanas a punto estuvo de derogar la “ley del aborto en tres supuestos”. La mayoría de los polacos renegaban de una práctica importada a su país por “estadistas” tan recomendables como Hitler y Stalin. Chile es uno de los poquísimos países del mundo que defienden la vida intrauterina sin excepción y, a la vez, el segundo país de América con mejor salud maternal. Está comprobado que las legislaciones no permisivas disminuyen la tasa de abortos. Esto, que parece una perogrullada, es sistemáticamente negado por algunos defensores de las legislaciones permisivas.
EE.UU. no es un ejemplo a seguir. En 1973 una sentencia de su Tribunal Supremo aprobó como legal el aborto siempre que se realice en el primer trimestre de embarazo. Desde entonces, 56 millones de “nasciturus” se han quedado a las puertas de la vida. El caso que resolvió esta histórica sentencia de 1973 fue el Roe contra Wade, que estuvo basado en una gran mentira. Norma McCorvey (Roe) alegó que había sido violada por una pandilla, y que esa violación había provocado su embarazo. En 1987, la misma Norma McCorvey proclamó que había mentido: que no había sido violada y que el padre de su hijo era una persona a la que conocía y a la que había pensado que quería.
El negocio del aborto se asienta sobre muchas mentiras. El imprescindible testimonio del doctor Bernard Nathanson, el “rey del aborto” estadounidense, desvela muchas de ellas. Él mismo fue uno de los activistas que consiguió la legalización del aborto en 1973. En 1992, ya arrepentido, confesó en una carta abierta cuáles fueron las “tácticas” que utilizaron, que “con pequeñas diferencias se repitieron con éxito en el mundo occidental”: “Nuestro primer logro fue hacernos con los medios de comunicación (…) amañamos los resultados con encuestas inventadas (…) La segunda táctica fundamental fue jugar la carta del anticatolicismo (…) Vilipendiamos sistemáticamente a la Iglesia Católica (…) Los medios reiteraban que la oposición al aborto procedía de dichas jerarquías, no del pueblo católico (…) La tercera táctica fundamental fue denigrar o ignorar cualquier evidencia científica de que la vida comienza con la concepción (…) Pero la fetología demuestra la evidencia de que la vida comienza en la concepción y requiere toda la protección de que gozamos cualquiera de nosotros”.
El argumento definitivo contra el aborto viene de plantear a cada persona: ¿Y a ti, si te hubieran “preguntado” en el vientre de tu madre si estabas a favor de tu propio aborto, qué habrías contestado? Seguro que en este referéndum la opción por la vida ganaría por mayoría absolutísima. Ya lo dijo Ronald Reagan, con humor inapelable: “Me he dado cuenta de que todo el mundo que está a favor del aborto ya ha nacido”.
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