Opinión

Cambio de Gobierno en Argentina

Viernes 22 de noviembre de 2013
Como resultado de las intrigas bajo cuerda y las solapadas deliberaciones causadas por la derrota electoral del pasado octubre, acaba de producirse el previsible cambio de Gabinete en el Gobierno argentino, con la sustitución en ministerios clave. La reforma ministerial firmada por Cristina Fernández presupone un acuse de recibo implícito del castigo en las urnas, y, a la vez, un paso más en la desatada lucha entre distintos dirigentes del kirchnerismo por apoderarse del liderazgo con vistas a las presidenciales de 2015. Es solo el comienzo de una pelea por el poder que va a ser larga y previsiblemente jalonada por pulsos internos y disputas con desenlaces imprevisibles, dentro de un declive económico y una merma de autoridad cada vez más acusadas de la actual presidencia.

Entre las cabezas hoy visibles por llevarse la palma en ese litigio, como Sergio Urribarri o Daniel Scioli, hasta hoy gobernador de Buenos Aires, parece haber tomado ventaja inicial el recién nombrado nuevo Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, disciplinado seguidor de la actual presidencia. Una jefatura de Gobierno que tiene las trazas de convertirse en un regalo envenenado a medio plazo, de cara a sus abiertas aspiraciones a hacerse con el liderazgo final en la carrera hacia la presidencia. Capitanich llega a la Casa Rosada con el encargo prioritario de enderezar el actual desbarajuste económico argentino, que el propio kirchnerismo considera el origen de sus últimas derrotas electorales. Sin embargo, su nombramiento causó una inmediata caída del mercado de valores de Buenos Aires, síntoma inequívoco de desconfianza e incertidumbre entre los agentes económicos.

Jorge Capitanich sabe qué cuestiones son hoy vitales: controlar una inflación galopante, frenar la caída en picado de las reservas del Banco Central, captar inversiones y créditos que permitan sufragar todas las grandes inversiones y subvenciones prometidas para las que el Estado se ha quedado sin recursos. Problemas candentes para los que no hay trazado ningún plan. Es muy previsible que el Jefe de Gabinete entré en colisión con el nuevo ministro de Economía nombrado por Cristina Fernández, Axel Kicillof, un fervoroso defensor de la intervención estatal en la economía, discípulo de Keynes y Marx y opuesto a cualquier seguridad jurídica de las empresas frente al Estado: todo un recetario donde encontrar las raíces de los últimos reveses económicos del país austral.

Las presumibles fricciones de Jorge Capitanich con la inasumible línea dura del ministro de Economía y la inevitable asunción de medidas impopulares auguran un considerable desgaste del recién nombrado Jefe de Gobierno, alimentando, a su vez, una batalla por el poder dentro del kirchnerismo del Frente para la Victoria en cuyo horizonte a medio plazo no se puede prever otra cosa que más desestabilización.

El electorado argentino ha hecho bien en comenzar a retirar su confianza a un estilo político marcado por el personalismo, la prepotencia, la falta de transparencia, la inseguridad jurídica, la confrontación internacional y una gestión económica cuyas premisas ya no dan más de sí.

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