Opinión

El desguace de España

José Antonio Ruiz | Viernes 22 de noviembre de 2013
Iberia bajo cero, luce como una patena: limpia de ideas y esperanzas. Definitely, el empalagoso anuncio de la Lotería de Navidad es la banda sonora más apropiada para acompañar en su miserere, salmo penitencial, a esta España traumatizada y decadente que no encuentra remedio a sus males ni con una sobredosis de Prozac.
El Marianato, año III. ¡Socorro! Se abre el telón y aparece un registrador de la propiedad practicando funambulismo sobre un cable de acero suspendido en la línea del horizonte del ecuador que divide el planeta en los dos hemisferios, allí donde la tierra se ensancha y las entendederas se estrechan. El César parece empeñado en ser la reencarnación de Zapatero con barba y el cejamen depilado como una geisha del mismo Kioto. Latitud ceros grados. Ni frío, ni calor. Ni siente, ni padece.

Un hombre que es capaz de quitarse del “vicio” de los puros, que era la única cosa que tenía en común con este cronista, con su mentor y con Fidel, definitivamente es un individuo inmortal con fuerza de voluntad para incumplir todo aquello que prometió y obrar en sentido contrario a lo que predicó.

El Premier ha acabado convenciéndonos de que tiene madera de Boj político, aunque a menudo se obceque en actuar como un auxiliar de enfermería con manguitos y visera extraviado en los pasillos laberínticos de una inclusa de huérfanos del sentido común. Del realismo mágico, al surrealismo de serie B.
Aunque suene a amenaza, que sin duda lo es, como se pase al cigarrillo electrónico para aplacar el síndrome de abstinencia del fumeque, el abajo firmante no le vuelve a dirigir la palabra hasta que cante el gallo de Radio Belgrano.

Mariano puede pasar a la intrahistoria de su partido como el candidato más votado en unas Generales, y también como el cabeza de cartel que más adhesiones inquebrantables perdió por el desagüe de los despropósitos en el discurrir de su primera y única legislatura.

Cierto que siempre podrá presumir de haber evitado que nos rescataran a costa de cosernos a impuestos. Pero que el mismo día de su toma de posesión renunciase a la política sacrificándola a favor de la abyecta razón de Estado, eso sí que no tiene un pase ni con John F. Kennedy de cuerpo presente y Marilyn entonando el Happy birthday.

Nos han chuleado como a putas y chaperos. Mamoneo de togas. Justicia amaestrada. Las reliquias de Monte-Sky. Se consumó el obsceno reparto de los sillones del Consejo General del Poder Judicial. La Justicia es una furcia a la que han abandonado, con las bragas echas jirones, como a un perro muerto en la cuneta sorbiendo lágrimas de rímel. Lo que va de la regeneración a la degeneración. Estafadores. Las ofensas a la inteligencia cortan más que las cuchillas de la valla de Melilla.

No han matado a Montesquieu; ni siquiera han tenido la decencia de enterrarlo en posición fetal, como a nuestros antepasados artríticos del Neolítico que dormían el sueño eterno en una cueva de Barcelona y ahora están condenados a ser los primeros mártires del señuelo independentista. Directamente han profanado su tumba y se han meado como borrachos en las rosas marchitas que adornaban la lápida con la fecha del óbito y la identidad falsa del finado, como hicieron con el siniestro Videla.

Josemari niega haberse convertido en el «jefe de la oposición interna» al PP; pero cierto es que no desaprovecha ninguna ocasión para arrearle un mandoble en el espiráculo a su delfín.

La Vanguardia ya no sabe cómo tender una alfombra de babas a las puertas del Palau de la Generalitat y agitar el botafumeiro al paso de los nuevos caudillos. Y titula a toda página: «Aznar dice que mandaría a Mas a la cárcel si convocara un referéndum ilegal». Al libelo del Conde se le nota cada día más realizado actuando de vocero del vocero Homs, que anuncia que el Govern pedirá la reprobación del marido consorte de la alcaldesa Botella por hacer propuestas «de otro régimen».

De pronto se me estremece el corazón partío de tanta pena. Lástima de hijos de la revolución, que no saben que este tipo de revoluciones acaban devorando a sus propios hijos. Por una vez estoy de acuerdo con Alfonso Ussía cuando dice que «la solución al independentismo catalán no es política, sino psiquiátrica».

Sobrado de razón anda también Varga Llosa (sin necesidad de que le refrende un mindundi como el abajo firmante) cuando dice que «el nacionalismo es una de las grandes aberraciones de la Historia».
Qué contratiempo que en la entrega de los Premios de Periodismo del diario El Mundo no estuviera presente ningún miembro ni miembra del Gobierno para escucharlo y obrar en consecuencia. Como Bárcenas tenga en la mochila que le guarda un amigo en un escondite secreto algo más que fuegos artificiales y pirotecnia blandiblú, el plantón le puede costar caro a Moncloa, porque definitivamente esto es la guerra.

Los hay que no son conscientes del riesgo de bucear en apnea a profundidades abisales. ¡Qué ocasión hemos perdido de regalarle un billete a muchos indeseables en la sonda que la NASA ha lanzado a Marte!
No es descartable que uno de estos días Arturo, candidato a chico Monty Python, se descuelgue con la misma respuesta que Zlatan Ibrahimovic le ha dado a un periodista: «Estás hablando con Dios».
Dice, con sorna gallega marinera, Alberto Núñez Feijóo, que «el problema no es quién tiene la bandera más grande». Y a lo que se ve, los cantonalistas la tienen como la que cuelga del mástil de la madrileña plaza de Colón que clavó Trillo como si fuera un pincho de tortilla antes de largarse de embajador a UK, donde se pasa el día yendo y viniendo a consultas por el asunto de Gibraltar español.

Leo en el periódico de Godó que un agente de la Policía Local ha multado a un ciclista porque lo ha sorprendido comiéndose un croissant en pleno pedaleo. No quiero ni pensar el día que pase la caravana de la Vuelta Ciclista a España por la Diagonal y sitúen el avituallamiento en el tramo que va de la plaza deMaciá a la deJoan Carles I.
Nueva Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana. ¿Recorte infame de los derechos fundamentales de expresión y manifestación? La tilde está en otro sitio, pues no es un retroceso democrático sino mental y una muestra más de la inutilidad política de un Gobierno que ha despenalizado determinadas conductas para convertirlas en sanciones administrativas. No conspiran contra las libertades, sino contra algo mucho más prosaico como nuestro bolsillo.

Gallardón y Jorge Fernández, a la derecha de la derecha, deberían aprestarse a escribir sus memorias, como Pedro Solbes, el arrepentido, excelente ministro de Economía a toro pasado, y que ahora se descuelga confesando que sufre un singular trastorno de identidad disociativo, en una suerte de bipolaridad que le llevó a pensar una cosa para sus adentros y actuar en sentido contrario para no darles disgustos innecesarios a Zapatero. Bienvenido sea el tomaco indigerible si con su descargo de conciencia va a poder dormir más tranquilo, ya con la pensión asegurada.

Si como asegura Alejandra Alloza («Tacones en el banquillo»), «el fútbol es el último reducto de la masculinidad», ni te cuento el ministro Wert: «Esto es la jungla, y yo sin machete» -soltó el otro día en los pasillos del Congreso. (…) Ya nos barruntábamos algunos que José Ignacio llevaba un Tarzán dentro.
El todavía presidente de Iberia Antonio Vázquez, presenta en sociedad la nueva imagen corporativa de la compañía desposeída de la corona, mientras canta La Traviata enarbolando una copa de champán como Ramón García y la maciza Igartiburu en las Nocheviejas de Sol. Entrentanto, el Rey celebra el trigésimo octavo aniversario de su reinado postrado en una cama de hospital. Otro que, como Valdés y Messi, se pierde la temporada hasta final de año, pues no se prevé su reaparición hasta la Pascua Militar.

España de flujo y reflujo, de plasma y cataplasma. Lo que no me explico es porqué la clase médica se lleva, escandalizada, las manos a la cabeza, porque se ha disparado el consumo de antidepresivos.

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