En agosto de 2007, la venerada actriz francesa Fanny Ardant hirió a la opinión pública italiana con unas polémicas declaraciones. La diva calificaba de “héroe” a Renato Curcio, un guerrillero encarcelado que fundó las Brigadas Rojas, una organización terrorista de extrema izquierda. A la ex mujer de François Truffaut, no le tembló el pulso para tildarlo de ídolo a un preso acusado de asesinato, y ensalzar el hecho de que no se convirtiera en un empresario, “como los izquierdistas franceses de su generación”.
Una bravata que le costó la demanda de Piero Mazzola, un abogado cuyo padre fue muerto a balazos en 1974. La actriz pediría disculpas más tarde, pero el daño ya estaba hecho. Sin embargo, no evitó que más de uno se preguntara sobre el destino de aquellos líderes que lucharon por el ascenso del proletariado a lo más alto de la esfera social.
¿Vendido Bendit?
Líderes como Daniel Cohn-Bendit, uno de los más activos agitadores de Mayo del 68, que hoy encontraría su reflejo en Yon Goicoechea, el líder estudiantil que con su ímpetu influyó en el “No” que los venezolanos plantaron a Chávez en su último referéndum constitucional. Cohn-Bendit, también conocido como “Daniel, el Rojo”, nacido en Francia, apátrida, y luego nacionalizado alemán, se distanció del “sesentayochismo” para encontrar alojo ideológico en el ecologismo. Escribió “La revolución, y nosotros que la quisimos tanto”, donde renegaba sin estridencias del sueño de la utopía de las barricadas y del sueño de la imaginación al poder.
Su giro hacia la moderación se tradujo en un firme compromiso con Europa como proyecto político, y su insobornable defensa del “Sí”, cuando media Francia estaba con el “No”, y el “No” era ser de izquierdas. En 2004, se unió junto al centrista Bayrou para redactar el “Llamamiento de Estrasburgo”, en el que suscribían ideas tan “revolucionarias” como que “Europa es un modelo político portador de valores universales y de un modelo original de civilización y de cultura”. La nostalgia, a diferencia del caso de Fanny Ardant, no nubló el juicio de "El Rojo".
“Libération”, de las barricadas al capitalismo informativo
Al calor de los sucesos de Mayo del 68, que provocaron las mayores huelgas y forzaron incluso al presidente de Gaulle a huir por unas horas del país, surgió el diario "Libération", dirigido por Jean Paul Sartre y Serge July. Nació cinco años después de los sucesos, pero con la vocación de recoger las reivindicaciones estudiantiles, y las tesis más próximas a Mao Zedong de aquellos años agitados. Hoy, en plena crisis económica del periódico, el rotativo ha abandonado sus tesis filo comunistas y no duda de tildar a la revolución de Cuba de “mordaza” y a Fidel Castro un “tirano tropical”.
En 2006, el mítico Serge July abandonó el barco, con unas sentidas palabras: “El periodista que soy está infinitamente triste de no poder escribir más aquí. El lector que seguiré siendo os dice a todos adiós". En treinta años de carrera, había pasado de aspirar a una suerte de “Granma” democrático a una rueda más de la sociedad de consumo. July se había convertido en un “eficaz manager capitalista”, diría de él Juan Pedro Quiñonero, corresponsal de “ABC” en París. Un caso paradigmático de la reconversión ideológica hacia la sensatez que protagonizaron muchos como July.
La mudanza intelectual
Quienes portaron “chaquetas de pana, botines de gamuza y bufandas rojas” blandiendo los eslóganes como “Prohibido prohibir”, “Bajo los adoquines, la playa”, “Sed realistas, pedid lo imposible”, aceptaron de buen grado las reformas que trajeron los acuerdos de “Grenelle”. Calmaron su agresividad anticapitalista y continuaron en sus puestos de trabajo, tras una turbulencia que no tendría parangón en la sociedad “desarrollada” en los cuarenta años siguientes.
Los mayores prebostes del pensamiento sobrevivieron al paso del tiempo sin caer en graves contradicciones, quizá porque la muerte les llegó antes que viraje intelectual. Los Sartre, Marcuse, Beauvoir se fueron del mundo fieles a sus ideas progresistas y de provocación. Otro destacado adalid intelectual, el progresista André Glucksmann renegó poco después del 68 del marxismo, para terminar, recientemente, aplaudiendo las propuestas de Sarkozy, cuando éste era candidato al Elíseo. Max Gallo, escritor a la sombra del socialista Mitterand, también se mostró del lado de Sarkozy, por su patriotismo sin fisuras.
No sabemos si la actual primera dama francesa, Carla Bruni, habría participado en las algaradas de Saint-Germain, pero no es difícil imaginarla gritando aquello de “hagamos el amor y no la guerra”, guitarra en mano. Quizá habría sido un icono sexual, una Bob Dylan con más sex appel y voz más limpia y dulce. Pero eso entra ya en los terrenos de la imaginación, que si no llegó al poder, al menos debería sobrevivir como forma de revolución personal.