Miércoles 11 de diciembre de 2013
El anuncio de tregua “por un mes” hecho desde la Habana por el representante de las FARC en el proceso negociador con el gobierno colombiano, Pablo Catatumbo, no tiene más credibilidad que otros similares a lo largo de estos últimos tiempos. Apela Catatumbo al “inmenso clamor de paz del pueblo colombiano”, al tiempo que pide al gobierno de Santos que “deje de hostigarles”. La realidad es que el pueblo colombiano lleva clamando más de cuatro décadas para que cesen los secuestros, atentados y actividades narcoterroristas de las FARC, por más que ahora quieran escenificar un supuesto diálogo que no es sino un intento de justificar tantos años de barbarie.
Conviene tener claro que en todo este asunto hay una parte que ostenta la legítima representación del pueblo colombiano, la encabezada por su presidente, Juan Manuel Santos. Las FARC sólo se representan a sí mismas, y mientras que a los primeros les avala la fuerza de los votos, los segundos cuentan con armas y drogas como principal argumento. Por otro lado, la narcoguerrila no tiene nada que perder con que las conversaciones sigan alargándose sine die, mientras que para el Ejecutivo de Santos el tiempo juega en su contra. Precisamente por eso nadie debe confundir la generosidad del gobierno colombiano con la ejecutoria de quienes han vulnerado la ley en todas sus formas posibles.
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