Luis María ANSON | Viernes 13 de diciembre de 2013
Oriol Junqueras y su marioneta Arturo Mas han conseguido unir a Mariano Rajoy y a Alfredo Pérez Rubalcaba contra su pirueta secesionista. Los líderes de los dos grandes partidos de centro derecha y centro izquierda, que representan al 80% del pueblo español, han manifestado públicamente y de forma inequívoca su rechazo a que se celebre una consulta soberanista en Cataluña porque la soberanía nacional reside en el entero pueblo español y lo que pretenden Junqueras y su guiñol Arturo Mas es claramente anticonstitucional.
La respuesta de Rajoy y Rubalcaba ha sido clara y contundente: no habrá consulta secesionista en Cataluña. Junqueras y su títere Arturo Mas se han metido en un callejón sin salida. También Rajoy y Rubalcaba tienen una situación especialmente compleja porque la confrontación es ya un hecho y, si para los líderes del secesionismo resulta difícil llevar a cabo su proyecto, para los dirigentes constitucionalistas no parece fácil arbitrar el procedimiento constitucional que cercene el despropósito.
Alfonso Guerra ya anticipó que sería necesario aplicar el artículo 155 de la Constitución. Antes de llegar a ese extremo convendría encontrar fórmulas que no pasen por la suspensión de la Autonomía catalana. Cualquier simplificación de la situación creada podría conducir a términos contraproducentes para todos.
Lo que está claro, en todo caso, es que el Gobierno y los dos grandes partidos no tolerarán la fragmentación de España porque su obligación es cumplir y hacer cumplir la Constitución. En Moncloa se ha creído durante mucho tiempo que el desafío secesionista era solo una finta para conseguir más dinero de Madrid. Desde esta canela escrita al aire libre he advertido en reiteradas ocasiones que esta vez el órdago iba en serio.
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