Opinión

México reforma su sector energético

Sábado 14 de diciembre de 2013
El Pacto por México se ha roto, pero las reformas impulsadas por el Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto continúan, ahora con la transformación del sector energético. El Pacto por México suponía un amplio consenso de todo el espectro político mexicano -desde el derechista Partido Acción Nacional (PAN) hasta el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD)-, para impulsar cambios profundos en el país que renovasen la sociedad y la alejaran de un pesimismo generalizado. Había tres cuestiones fundamentales en el Pacto: cambio de la Educación, modificación de Hacienda y replanteamiento del sistema energético. La colaboración pactada solo sobrevivió a la reforma constitucional que permitía un rediseño educativo en el país. Hechos los cambios sobre el papel, la izquierda del PRD alentó una prolongadísima huelga entre los docentes cuyo propósito último era desvirtuar en la práctica las transformaciones legales, de modo que todo cambiase para que no cambiase nada, especialmente el poder omnímodo de los sindicatos de izquierda en el sector.

Todo anunciaba que esa operación era la punta de lanza con la que la izquierda del PRD se proponía desestabilizar el plan de reformas promovidas por el mandatario Peña Nieto. Una amenaza que finalmente se ha cumplido. El PRD ha roto su colaboración en el Pacto por México y acto seguido se ha puesto al frente de una cerrada oposición al cambio de la estructura energética del país. Solo la cooperación de la derecha del Partido Acción Nacional y del Partido Revolucionario Institucional ha conseguido los votos necesarios para hacer frente a la modificación de tres artículos de la Constitución necesarios para que la explotación de hidrocarburos no recaiga exclusivamente en manos del Estado y se abra a la participación de empresas privadas. Algo a lo que la izquierda del PRD se opone radicalmente con los peores modos parlamentarios, dejándose oír insultos contra los reformistas a quienes califican de “traidores” o “panda de rufianes”.

Lo cierto es que la empresa pública encargada de sacar el hidrocarburo, Petróleos Mexicanos (Pemex), carece de la suficiente solvencia para extraer las grandes reservas intactas en sus yacimientos por falta de capital y de la tecnología necesarios para su extracción. Pese a la enorme movilización en su contra, hace bien el presidente Peña Nieto en abrir el sector energético a inversiones privadas que puedan extraer esa riqueza ahora improductiva y utilizarla como palanca para el crecimiento económico nacional. No deja de ser una gran paradoja que el PRD retome una retórica revolucionaria e impulse movilizaciones populares para paralizar las reformas -educativas, energéticas- para que esos sectores permanezcan congelados en el tiempo y perpetuar así su poder en los órganos estatales. La izquierda mexicana es un factor de inmovilismo y México debería reanudar la ilusión por los grandes cambios proyectados más allá de cualquier sectarismo ideológico.