Antonio Domínguez Rey | Sábado 14 de diciembre de 2013
Hace quince días largos me encontraba en Barcelona asistiendo al X Congreso Internacional de la Sociedad Española de Fenomenología. Asistieron bastantes estudiantes y profesores jóvenes, entre los seniors. Celebrábamos el centenario de la publicación de Ideas Directrices para una Fenomenología (1913), de Edmund Husserl. Coincidió el evento con la aprobación por el Gobierno de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE). Como es sabido, la Filosofía queda relegada en los futuros planes de estudio de Bachillerato. Algo insólito en un país europeo de tradición histórica como España. Las sociedades más desarrolladas de Europa anteponen, y lo repito siempre que puedo, el estudio del Lenguaje, la Filosofía, la Matemática y la Historia a cualquier otro. Y lo hacen por considerarlos fundamentales.
¿Qué quiere decir esto? Hace falta explicarlo una vez más. Consideran tales naciones que es imprescindible el estudio de la lengua y su código, la gramática, sus implicaciones, por ser la llave de la expresión social del conocimiento. Imprescindible también el cálculo y la potencia mental de las matemáticas y la geometría, base técnica y científica de otros estudios colaterales. E ineludible el desarrollo de la razón humana mediante la reflexión filosófica, gozne del nacimiento y sostén democrático de las sociedades modernas. Atañe a la Lógica, Derecho, Religión, técnicas y compendios sociales de estudio (Sociología, Política, Psicología). Y es fundamento, con el lenguaje, de la ciencia en general, como dejó claro Husserl en su obra, y del discurso argumentativo, la retórica. De la Filosofía depende, sobre todo, el sentido razonado de la autonomía e independencia del individuo, sujeto racional, responsable (Ética), del Estado. En cuanto a la Historia, maestra de la vida, según el dicho clásico, se funda en ella el discurso también razonado de la memoria colectiva. Quien la ignora, tiende a rehacerla, o a inventarla. Y quien la conoce, incrementa los valores cívicos.
Tales estudios fundamentan cualesquiera otros. Por eso son la base cultural de la participación democrática de los ciudadanos y del estudio universitario.
Robarle a la juventud cualquiera de estos pilares del conocimiento, presupone reducir sus posibilidades de elección. Merma la capacidad crítica de análisis. Los principios y leyes del pensamiento (Logos), de la expresión hablada (Lengua), del conocimiento científico (Mathesis, del griego manthanein, aprender), de la acción, los valores de ella derivados (Historia, Arte, Ética), debieran ser los pilares de todo bachiller. El caso de la postergación filosófica resulta más llamativo por lo que tal decisión implica. Al haberse impuesto el tecnicismo mercantil en la sociedad de consumo, los agentes que dominan, manipulan los resortes de influencia, programación y distribución, sus fondos económicos, seleccionan y eligen realmente a los representantes sociales. Los sitúan en puestos decisivos y disponen, a través de ellos, qué pautas de respuesta han de prevalecer en situaciones específicas de la vida humana. A unos y otros les incomoda una orientación analítica y crítica, no manipulable, de la juventud. Por eso reducen enseñanzas fundamentales a esquemas simples y de rendimiento mediático.
El precitado congreso finalizó el día 29 de noviembre con una mesa redonda sobre la actualidad de la filosofía desde el método fenomenológico. Feminismo como presencia activa de la mujer en el mundo del pensamiento, resalta Carmen López con objetividad histórica, (qué sucedería si se promoviera, frente a él, una filosofía “machista”, nos preguntábamos nosotros); profesionalismo filosófico, interactividad social del conocimiento, escritura en inglés y traducciones a esta lengua para difundir la obra de autores españoles (San Martín); compromiso responsable y necesidad del método reflexivo para analizar el decurso de los fenómenos (deducía yo de una intervención precedente de Agustín Serrano, anunciado pero ausente de la mesa redonda); dualidad husserliana de los valores objetivos frente a los fluyentes, recuerda Francesc Pereña; rescate de la veracidad y de la experiencia de lo extraño -el otro-, de la expresión de la conciencia -vanguardia- y del dinamismo que permite ejercer la crítica del mundo globalizado, cuya extensión solapa los universales de la vida (Lebenswelt fenomenológico). El profesor mejicano Antonio Zirión insistió en el predicamento ecológico de la reflexión vuelta al cuidado y cultivo -cultura- del hombre (Antropología y ciencia de los valores, Axiología). La razón cultural merma al relegar el ejercicio del pensamiento a técnicas de imagen cuajada, sin respuesta cualitativa, añadimos nosotros. La fenomenología desaparece incluso en Alemania, advierte en el coloquio Lester Embree, filósofo inglés invitado, de quien se tradujo al catalán, para la ocasión, el libro Reflexive Analysis.
Miguel García-Baró puso el dedo en la llaga al denunciar el extremo peligro que supone prescindir de la Ética en Bachillerato. Y esta actitud la relaciona con la crisis de la Universidad. La Filosofía se refugió en lo que Embree denomina, respecto de Francia, solipsismo colectivo, y al cosificar o naturalizar las ideas y la conciencia, solo perviven, matiza García-Baró, una técnica sin auxilio de contexto razonado y factores irracionales. La filosofía muere. Si no se estudian y valoran los universales del pensamiento, el mundo objetivo, razonado (el nóema), desaparece. De ahí la ironía fenoménica de cierta vanguardia artística al juntar cosas sin una mente (razón) que las junte, dice César Moreno. El poema dadá (Tristan Tzara), la encoladura surrealista de imagen, realidad, concepto y lenguaje, de René Magritte, cita este profesor sevillano. Una razón poética, imaginativa (María Zambrano), que aflore y no obture, sin salida ni proyección, la razón vital e histórica (Ortega), resume García-Baró, en alusión, creemos, a la memoria reducida y al horizonte pacato de ideas que en estos momentos vive la democracia española. Si no hay suspensión crítica (epojé) de la actitud espontánea, del parecer o comentario vigente, se impone el mandato de la moda, concluye el profesor de la Universidad Comillas, la imagen programada, añadimos nosotros.
La reducción de los instrumentos analíticos de las facultades intelectuales es asunto efectivamente grave. Detrás de tal actitud se esconde una sociedad carente de intuición e ingenio, mediocre. Confiada a una inercia política, económica, tertuliana y cultural del pensamiento, le sobra, peor, le molesta que alguien resucite el valor interno de su potencia creadora. Al desplazar la Filosofía del período de desarrollo intelectual del hombre, se recortan las alas de la razón, el germen del sentido y entendimiento de las cosas, sus fenómenos. Con el jaque a la Filosofía, se enroca además la torre de la libertad humana. Quien no comprende este peligro, no percibe el jaque mate que lo amenaza.
TEMAS RELACIONADOS: