Opinión

Bachelet ante sus propios retos

Martes 17 de diciembre de 2013
Como era de esperar, Michelle Bachelet ha obtenido la victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Chile, obteniendo un 62 % de los votos frente a la oficialista Evelyn Matthey con casi un 38 %. Impulsada por la popularidad con que cerró su primer mandato y respaldada por la gran coalición de Nueva Mayoría, que por primera vez acoge a formaciones tan dispares como socialistas, democracristianos y comunistas, Bachelet encontrará previsiblemente enormes dificultades para satisfacer las expectativas de “un nuevo Chile” que ha prometido a sus seguidores. Buena parte de sus compromisos electorales dependen de que la economía chilena siga creciendo al ritmo de los últimos años, pero la circunstancia internacional y las propias reformas comprometidas contienen un serio riesgo de desacelerar el impecable desarrollo económico del país en los últimos tiempos. Mantener el actual crecimiento y realizar una profunda trasformación tributaria son los dos requisitos para poder abordar el cambio educativo y la expansión de la salud pública que Chile demanda mayoritariamente: cambios, por cierto, que no son precisamente gratuitos, como pretende la Presidenta Bachelet.

Mucho más complejo se presenta el cumplimiento de su promesa de llevar a cabo un cambio de la Constitución chilena. Por lo pronto, su grupo parlamentario no tendrá la mayoría necesaria que Bachelet soñó obtener para acometer la reforma constitucional en solitario. A la vez, su clara victoria electoral se ha producido dentro de un 59% de abstención del censo, donde ha calado una notoria apatía o escepticismo a la hora de emitir el voto. Esto no empaña la legitimidad de su victoria, como algunos han querido alegar. Pero los sufragios de su oponente sumados a esa enorme abstención apuntan a que Michelle Bachelet no tiene un verdadero respaldo nacional para modificar la Carta Magna. De intentarlo, se encontraría con otro grave reto de su legislatura: mantener unida la coalición que le ha llevado al poder. Pactar con La Alianza de Matthei irritará con toda seguridad a la izquierda de su coalición, donde ya hay sectores amplios, comenzando por los comunistas, que abogan por suprimir la actual Constitución y convocar una Asamblea constituyente, lo que sería abrir la caja de los truenos en una nación que ha sustentado su actual prosperidad en la moderación política.

Las reformas tributarias, el cambio educativo y la expansión de la salud pública son cuestiones difíciles de realizar, pero tienen un gran apoyo social. La modificación a fondo de la Constitución requeriría un momento más propicio para el consenso, y, en cualquier caso, exige un respaldo social de mayor calado. La responsabilidad en este punto parece la piedra de toque para que la modernización del país no se desboque hacia una confrontación tan polarizada como estéril.

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