Opinión

Que se vayan de vacaciones

Enrique Arnaldo | Jueves 19 de diciembre de 2013
Quedan dos días para la Lotería del gordo y cinco para la Navidad. Están al caer la fiesta de fin de año, la noche mágica de los Reyes Magos y hasta las esperanzadoras rebajas.

A pesar de ser las fechas que son, en las que hasta los que guerrean se dan una tregua, los habituales del coro de asonantes dedican su tiempo y energía a intentar sembrar discordia y amargar la digestión, mediante la fórmula de salpicar de necedades (a cuál más gorda) el ambiente navideño de las lucecitas.

Es cierto que los tertulianos prestan atención a la sarta de sandeces que salpican el día a día, sin respeto por las fiestas de guardar, y que analizan concienzudamente frases y discursos para alcanzar conclusiones deductivas o inductivas. Pero es muy posible que hablen para ellos mismos, conformando un circuito cerrado, retroalimentado y, por supuesto, sin fisuras.

La que en el régimen anterior (el de la memoria histórica felizmente olvidada) se llamaba mayoría silenciosa, ha dado discretamente la espalda a tanta bobada, cansada de engaños, bravuconadas, transgresiones de la realidad y de la historia, medias verdades que son mentiras, gastos suntuarios, manipulaciones y demás. Esa mayoría silenciosa ha apagado la radio-parlona y se ha pasado a la música y el humor.

El estoicismo, o capacidad de aguante, se ha transformado en escepticismo, es decir, en incredulidad. Ante la vaciedad argumental, oídos sordos. Ante las promesas programáticas incumplidas de cambio y renovación, oídos sordos. Ante las tontadas, oídos sordos. Ante la retórica indolente y agotadora, oídos sordos.

¿Es demagógico, escribe Ramón, afirmar que la atención de la gente se concentra en otros asuntos? ¿Qué la gente está hasta el gorro de que discutan de lo que sólo a ellos interesa? No solamente preocupa el paro o la corrupción, a la cabeza de todas según las encuestas de opinión, sino el sistema tributario, tan injusto y desalentador, la motorización de la potestad sancionadora de la Administración convertida en eje recaudatorio. Por supuesto, el recibo de la luz tantas veces explicado como ininteligible, las tasas por servicios hasta hace poco gratuitos, la capacidad inventiva pública para rascar los bolsillos ajenos.

Pero como decía al principio, es casi Navidad y no estamos para malos tragos, pero sí para pedir que se vayan de vacaciones.