Lunes 23 de diciembre de 2013
La Cámara Baja del Parlamento ruso -Duma- aprobaba esta pasad semana una ley que prohíbe los sitios web que convocan protestas sin la preceptiva autorización oficial. De esta manera, Pitun coloca una nueva mordaza sobre una sociedad que cada vez utiliza más las redes sociales como vía de escape ante las carencias democráticas del país. Internet no es Pravda -el antiguo diario oficial del Partido Comunista durante la era soviética y único medio de comunicación autorizado-, por más que le pese a Putin. Si algo tiene la red es libertad de expresión, algo que, a día de hoy, escasea en Rusia.
Con todo, no es la primera vez que la Duma legisla en este sentido. Hace pocas fechas, Human Rights Watch -HRW- denunciaba que las autoridades rusas están coartando gravemente los derechos de algunas ONG críticas con el gobierno de Putin. Lo hacen aplicando la denominada “Ley de Agentes Extranjeros”, por la que toda entidad vinculada con “actividades políticas” que reciba algún tipo de financiación desde el exterior está obligada a registrarse como “agente extranjero”. Tanto la ley en cuestión como su denominación son algo más que una reminiscencia soviética. Bajo su amparo se han producido cientos de registros, detenciones e intervención de comunicaciones, en medio de un clima de absoluta indefensión.
Este es el lugar en el que se halla Edward Snowden, tras denunciar al gobierno estadounidense de espiar a sus ciudadanos. Así las cosas, no parece que haya ido a un lugar mucho mejor. De hecho, Rusia ocupa el puesto 148 de 180 en el ranking elaborado por Human Rights Watch acerca de países que respetan los derechos humanos. El trato que han recibido disidentes y rivales de establishment -muertes misteriosas, juicios sin las más mínimas garantías procesales- es una prueba más de las carencias democráticas de la Rusia actual. Así las cosas, no es de extrañar que Moscú apoye sin fisuras a un régimen como el de Bashir al Assad, convirtiéndose así en cooperador necesario del genocidio sirio. A día de hoy, los derechos humanos siguen siendo una asignatura pendiente en Rusia.