Opinión

Un discurso de Mas

Miércoles 25 de diciembre de 2013
El presidente de la Generalidad utilizaba ayer el perfil del Govern en Twitter para afirmar que en el 2014 “el pueblo de Cataluña será llamado a decidir de forma pacífica y democrática su futuro como país”. De este modo, Artur Mas insistía de nuevo en lo que parece ser el único reto al que ha de enfrentarse Cataluña: su eventual secesión del resto de España. La enorme deuda autonómica, su tasa de paro o el descrédito institucional no parecen importar en un año que ha supuesto la constatación de que el nacionalismo catalán en su conjunto carece del más mínimo respeto hacia la legalidad vigente, y que parece dispuesto a abandonar sine die la senda de la cordura.

Lo dejaba bien claro hace poco el vicepresidente de la CE y comisario de Competencia, Joaquín Almunia, a propósito del futuro de Cataluña en la UE si se llegara a segregar de España: “La parte segregada no sería miembro de la UE”. O lo que es lo mismo, Cataluña dejaría de beneficiarse de las ventajas que suponen tratados de libre circulación de personas y capitales, seguridad, justicia, agricultura y, por supuesto, moneda única. También la Alianza Atlántica abundó en este mismo argumento la semana pasada: en caso de una eventual secesión, Cataluña no estaría amparada bajo el paraguas de la OTAN.

De hecho, el mecanismo de acceso es el mismo que el de Unión Europea: cualquier país -sea o no de nuevo cuño- que quiera pertenecer a cualquiera de ambas entidades habrá de contar previamente con la aquiescencia de todos los estados miembros. Cabe preguntarse igualmente quién pagaría las pensiones, los subsidios y tantas otras cosas en el caso de una eventual secesión de Cataluña; por no hablar de la fuga de capitales que se originaría. Sin embargo, ninguna de estas cuestiones aparece en el discurso de Mas, tan plano y demagógico como de costumbre. Un discurso de más.