Uno de sus líderes históricos, nada menos que el famoso Daniel Cohn-Bendit, o sea, “Dany el Rojo”, ha pedido en su último libro “olvidar el 68”. Pero ni las editoriales ni el Partido Comunista Francés (PCF) le han hecho mucho caso. El PCF será el primero en conmemorar. Lo hará a partir del 13 de mayo, el 40 aniversario de aquella huelga general que, arrastrada por el entusiasmo de los estudiantes que se enfrentaban en las calles de París con la policía, hizo pararse a diez millones de
trabajadores.
Pese a no haber tomado las riendas en su momento y, al final, haberse casi rendido al general Charles De Gaulle, que casi le « compró » con su promesa de elecciones anticipadas, el PCF ha puesto en marcha ya toda una semana de exposiciones, debates y proyecciones de documentales y películas bajo el título
“Viva el 68, miradas cruzadas”. “Se trata de festejar un aniversario que nos dirige al futuro”, explicó a principios de semana Brigitte Dionnet, miembro del ejecutivo del partido al presentar la iniciativa en una rueda de prensa en París.
Para la responsable,
«Viva el 68, miradas cruzadas» es una forma de "participar en el debate político lanzado por el presidente francés, Nicolas Sarkozy” en la campaña que hace un año le hizo ganar la Presidencia de Francia, cuando invitó a los franceses a “liquidar la herencia del 68”.
Lejos de liquidarla, ni Francia ni Europa olvidan ese movimiento que contagió el valor y el entusiasmo de los estudiantes a los obreros. Tampoco olvidan esas escenas de violencia entre policías y jóvenes que dieron la vuelta al mundo.
Los primeros en recordarlas ha sido, precisamente, la prefectura de policía de París, que acaba de publicar un número especial de su revista “Relaciones” sobre aquel Mayo del 68 pero desde una óptica diferente: “
El Mayo del 68 visto desde el otro lado de las barricadas”. Ese número especial recoge los recuerdos de unos 50 agentes que participaron en la represión estudiantil, incluidos los de algunos que quedaron muy mal heridos, como Christian Brunte, por aquel entonces un brigada de 35 años a quien un ladrillazo convirtió en un hemipléjico.
También se ven las fotos hechas para “los informes destinados al prefecto” por los propios fotógrafos de la policía, cuya consigna era una sola, según recuerdan: “intentar pasar desapercibidos entre las multitud”. A través de todo el material, la policía ha querido transmitir su propia visión de unos hechos en los que ellos fueron “los malos de la película” mientras que, de lo que se desprende de su número especial, lo que verdaderamente sintieron era “miedo por su integridad física y, sobre todo, por la situación completamente fuera de control”.
Pero los policías no son los únicos en recordar. Toda una batería de volúmenes inunda desde principios de mes las librerías francesas. En cuanto a títulos no hay ninguno original, pues lo que prima es poner bien en grande lo único que todos conocemos, o sea, “Mayo del 68. Pero los hay para todos los gustos. Para niños y jóvenes que mediante cómics incluso les explican qué pasó en aquel mes que marcó las vidas de sus padres, o incluso de sus abuelos. Pero también hay algunos que más que “re-contar” una historia ya sabida, se fijan en sus diferentes aspectos “paralelos” o “escondidos”.
Este es el caso de “
Mayo del 68, el cartel como herencia”, donde se hace un análisis de los paneles, pancartas y símbolos que crearon el mito del 68. En “
El arma a la izquierda”, en cambio, se cuentan los entresijos de la historia, todo aquello que, en teoría no está ni probado ni comprobado, todo lo que no se puede verificar y que es fruto de una cuidada investigación basada en fuentes de los servicios secretos. Por último, un “
Mayo del 68” rojo sobre todo un fondo negro recoge todas aquellas frases que llamaban a la revuelta de mentes y espíritus, que incitaban a la sublevación contra cualquier poder y orden establecido y que hicieron historia, empezando por la ya obvia “la imaginación al poder”.
Fotografía de Martha CarrollEl arte, por su parte, tampoco olvida a los revolucionarios. Pero no precisamente en suelo francés, sino en Nueva York, donde una exposición de unas 60 fotos y textos realizados por una periodista y fotógrafa estadounidense que vivió ese momento en las capital parisina, Martha Carroll, intenta hacer comprender a los neoyorquinos actuales qué pasó por las mentes de los jóvenes franceses de aquel 68. “Eran politizados y organizados, mientras que en Estados Unidos el movimiento juvenil era más espontáneo y sobre todo más pacifista, porque los jóvenes corrían el peligro de ir a Vietnam y su preocupación dominante era eso”, explicó Carroll.
En cuanto a los parisinos de a pie, en un mayo sorprendente y extrañamente cálido y soleado, el recuerdo de hace 40 años está presente, pero con nostalgia de un movimiento que, en el fondo no cambió mucho el sistema, como soñaba, y con la aprehensión de las dificultades que les pinta un sombrío futuro de crisis económica, precios elevados y desempleo.