Opinión

ETA campa a sus anchas y el Gobierno, de vacaciones

Joaquín Vila | Sábado 04 de enero de 2014
No hacía falta ser muy astuto para adivinar que los etarras se reunirían con toda la tranquilidad del mundo en el matadero (dónde mejor) de Durango para festejar por todo lo alto, con comilona incluida, ambientada con ikurriñas adornadas con crespones negros, cánticos a favor de los asesinos, pancartas en defensa de la banda, insultos a España, cachondeo generalizado, tropelías y, en fin, todo un atentado público y desorbitado al Estado de Derecho, a la Constitución y al Gobierno. Pura apología del terrorismo.

El ministro se mostró muy farruco y acusó a los organizadores de montar un “acto repugnante” y prometió que evitaría cualquier enaltecimiento del terrorismo. De partirse de la risa. No ha hecho nada. La Fiscalía reclamó información por si encontraba algún tipo de delito. Tampoco ha movido un dedo. Y, al final, lo autorizó. El juez Pedraz, tras atusarse el flequillo rubio que le voltea por su inteligente cerebro, pidió informes a la Guardia Civil y a la Policía sobre el acto en cuestión. Pamplinas. Y al final, también lo autorizó. Esperpéntico.

Todos sabíamos que el acto se celebraría y tanto el ministro, la Fiscalía como el juez no hicieron más que el paripé, pero quedaron a los pies de los caballos asesinos. Hicieron el ridículo. Y lo que es peor: el Estado de Derecho fue, una vez, más pisoteado por los pistoleros y sus secuaces. Se burlaron de unos y de otros. Del ministro, del Gobierno, del juez de su teñida melenita al viento. Se burlaron de España y de los españoles de bien y, de paso, humillaron a las víctimas que asistieron impasibles al aquelarre de los etarras que asesinaron a sus familiares, casi un millar, como si fuera un juego de niños. Como si se lo merecieran.

Todo es una gran mentira. El Gobierno no quiere más problemas, tras los altercados con los catalanes. Y es probable que, en el fondo, siga el camino trazado por Zapatero para llevarse bien con los etarras, dejarles vociferar, humillando a las víctimas y acabar aceptándolos en el juego político, arropados en las filas de Bildu, Sortu o cualquier agrupación filoterrorista. Si no, es difícil de entender las prisas con las que ha dejado salir a los asesinos de la cárcel tras derogarse la doctrina Parot. Y es aún más difícil de entender que haya permitido a los etarras manifestarse, con impunidad y alevosía, a favor de los presos y sus asesinatos.

No hacía falta tanta celeridad. Podrían haberlos hecho sufrir un poco y excarcelarlos con pausa y analizando cada caso, como habían prometido el presidente y el ministro. La soberanía española ha quedado por los suelos. Nos manda Europa hasta en la corbata que debe ponerse Rajoy para ir a Bruselas. Somos el hazmerreir.

Ahora asistiremos a otra retahíla de los gobernantes sobre lo malos que son los etarras y lo “repugnante” de sus actos. Pero cuando podían haber actuado, cuando podían haber impedido que pisotearan la ley con su clamorosa y vergonzosa apología del terrorismo, cuando podían haber dado un puñetazo en la mesa pantagruélica de los asesinos, se han quedado tan pichis en sus casas, de vacaciones, viendo el acto por la televisión. La credibilidad, la decencia y la coherencia del Gobierno y del entero Estado de Derecho han sido, de nuevo, burlados por los forajidos de ETA. Que no nos vengan con historias. Han vuelto a permitir que los etarras tomen la calle y saquen pecho, cuando estaban en las cloacas o entre rejas. La bajada de pantalones ha sido histórica.